AMLO ganó y Anaya cayó

*Raúl Río*

Foto: Especial.

Tras el tercer debate, la elección presidencial ya está definida a favor de AMLO y por mucho, por treinta puntos a su favor, según su decir que aparece fundamentado. La elección de fin de régimen puede ser, paradójicamente, de carro completo. Morena y sus aliados se llevarán la presidencia de la república, la mayoría en la Cámara de Diputados y en la de Senadores. También seis de las 9 gubernaturas en juego y puede llegar a ser mayoría en 12 Congresos Locales.

En ambas cámaras la coalición “Juntos Haremos Historia” puede estar cerca de la mayoría calificada y le faltarían cuatro Congresos Locales para poder realizar cambios constitucionales. La debacle de los dos partidos de la derecha sería total y Morena emergería como el partido que cimentaría las reglas del nuevo régimen político y las bases de un nuevo modelo de desarrollo para el país.

La victoria de AMLO y de Morena, que ya se vislumbra, sería total y en todos los ámbitos. AMLO puede tener el voto mayoritario entre hombres y mujeres; entre jóvenes, adultos y adultos mayores; entre los que tienen alta, mediana y baja escolaridad; tendrá mayoría entre los votantes urbanos y rurales; ganaría en las cinco regiones electorales en que el INE tiene dividido el país. Destacadamente, ahora sí en la noroeste y noreste del país, que es donde Calderón en 2006 y Peña en 2012 le dieron vuelta.

La votación que puede llegar a tener sería histórica. Algunas encuestas ubican a AMLO arriba de los 50 puntos, algunos hasta con más de 60. En cualquier caso, estaría batiendo récord de popularidad, con números inéditos, en los últimos años, para un candidato opositor al caduco régimen de corrupción representado por el PRIANRD.

AMLO como candidato y Morena como partido son percibidos como antisistema por la mayoría de los mexicanos. Y se han convertido en un fenómeno mundial que son observados de cerca, particularmente en América Latina, porque los procesos electorales presidenciales de México, Colombia y Brasil son este año, y de Argentina el año próximo, despiertan la expectativa del retorno de los gobiernos progresistas en Brasil y Argentina y el rompimiento de la hegemonía de la derecha en Colombia y México. No hay que olvidar que las fuerzas progresistas y de izquierda de Colombia también avanzaron recientemente en la primera vuelta electoral y pudieran ganar la segunda vuelta. Hay ambiente para ello.

En México, por lo pronto, el impetuoso avance político-electoral de AMLO y Morena han comenzado a modificar la correlación de fuerzas. La ofensiva empresarial, realizada en mayo e inicios de junio, ha aminorado, pero no desaparecido. Los intentos de la cúpula empresarial de unir a los dos candidatos de la derecha, a partir de la declinación de uno de ellos, ha fracasado. Y no solamente fracasó lo que comenzó como un pleito que dividió a las dos fracciones de la derecha, que mantuvieron el proyecto neoliberal de 1988 a 2018, terminó abiertamente en una guerra fratricida, que los polarizó totalmente.

El consenso neoliberal se rompió, la hegemonía del proyecto empresarial que le dio sustento a la oligarquía neoliberal, a la mafia del poder en términos de AMLO, o la cleptocracia, según la acertada definición de Jenaro Villamil, ha llegado a su fin. Ha sido derrotada electoralmente en el campo de batalla y ya se bate en retirada.

Su derrota política, sin embargo, no ha sido total. Las dos fuerzas de la derecha intentan mantener a una parte de los ejércitos que logren recuperar y preparar futuras batallas. Eso lo entendió primero y mejor el PRI y Enrique Peña, quienes han buscado afanosamente el segundo lugar para su fuerza política y por los eventos políticos generados alrededor del tercer debate pareciera que pueden haber logrado desplazar a Anaya y a las fuerzas que lo acompañan al tercer lugar.

Tarde definió Margarita Zavala apoyar a Ricardo Anaya, apenas un día antes del tercer debate. Lo hizo muy discretamente en Culiacán, Sinaloa, y el mismo día en que el también panista Ernesto Cordero, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Senadores, con el apoyo del PRI, acudió a la PGR para demandar la intervención de la misma, en el presunto lavado de dinero de Ricardo Anaya, dándole una estocada mortal al candidato azul amarillo.

Faltaba que le dieran la puntilla a Anaya. Esta llegó de la mano de la cúpula empresarial que siempre brindó amplia cobertura política y económica a los candidatos blanquiazules.

El día del tercer debate, la Coparmex publicó una encuesta demoledora, de la cual fue patrocinadora, y se la encargó a la Fundación Este País, que a su vez puso la aplicación en manos de las encuestadoras Ipsos y Berumen, que realizaron 13 mil cuestionarios en 150 secciones electorales en cada una de las 5 circunscripciones del país. Semejante muestra aleatoria es irrefutable en su resultado, que quedó así: AMLO 41.7%; Anaya 21% y Meade 13.6%.

La Coparmex, sostén del Consejo Coordinador Empresarial y brazo operativo del Consejo Mexicano de Negocios, los tres motores político, económico e ideológico de la cúpula empresarial, que desde siempre han sido los impulsores de los políticos panistas que defienden sus particulares intereses, al publicar la encuesta dejaron a Anaya a la intemperie y la indefensión política. Le quitaron la red de protección en su caída.

La derrota de Anaya es total y la caída electoral, que seguramente tendrá en las últimas dos semanas de la campaña, puede ser de dimensiones apocalípticas. El Frente de partidos que lo apoyan hacen agua y han perdido el rumbo. En los últimos tiempos Anaya tuvo dos estrategias; la impulsada por Diego Fernández de Ceballos, que planteaba la alianza con Peña y el PRI para apoyar a Meade. Diego lo planteó primero en el cumpleaños de Meade, al cual llegó corriendo en febrero. Lo hizo también en el cumpleaños de Carlos Salinas. Y lo volvió a plantear hace unos días en el programa radiofónico de Luis Cárdenas. Diego perdió todas.

La otra estrategia de Anaya fue la que le impuso Jorge G. Castañeda, quien insistió en poner a Anaya como candidato “antisistema” y robarse las propuestas “populistas” de AMLO. Castañeda nunca logró ubicar a Anaya como antisistema. Pero radicalizó a Anaya, quien prometió meter a la cárcel a Peña si ganaba. La respuesta del PRI sobre el lavado de dinero fue demoledora y colocaron a Anaya ante los ojos del ciudadano como corrupto y ladrón.

El último consejo de Castañeda a Anaya, para tirar a AMLO después del segundo debate, fue impulsar el inverosímil planteamiento de la supuesta alianza de Peña con AMLO y, al mismo tiempo, seguir amenazando con cárcel a Peña por corrupto, lo cual se impulsó con fuerza durante las últimas semanas y fracasó. Por tanto, el llamado al voto útil de los priístas para Anaya nunca resultó. Volvió a fallar Castañeda y Anaya se fue al abismo político.

Y muy posiblemente al tercer lugar, Anaya perderá todo. Los empresarios, dueños del PAN, ya colocaron a Margarita Zavala adentro del partido para relanzarlo después de la campaña. Los Calderón posiblemente vuelvan a dirigirlo. Y si ahora Anaya insistiera en antagonizar con Peña en los niveles que lo viene haciendo, no sería raro que la PGR tomara cartas en el asunto. Los candidatos de las derechas iniciaron disputando el segundo lugar y ahí siguen.

Ahora para las derechas la obsesión es ganar espacios legislativos, gobiernos estatales y municipales para hacer contrapeso a AMLO y a MORENA. Es probable que el PAN gane Guanajuato, MC en Jalisco y el PRI en Yucatán. Ahora la disputa por el segundo lugar se traduce en quién será el interlocutor legislativo de la derecha en el Congreso de la Unión, para tener mejores condiciones en su reconstrucción.

Hay partidos de la chiquillada que desaparecerán ya y otros lo harán a mediano plazo. El corrupto sistema de partidos que vinieron construyendo el PRIANRD, en los últimos años, con el cambio de régimen, desaparecerá. El PRI y el PAN irán por su reconstrucción y MORENA, si logra consolidarse, puede ser el eje de las alianzas de un nuevo bloque político.

Todo ello, si los actuales capitanes de la política y las finanzas no decidieran dar un golpe de mano para cambiar el rumbo de los acontecimientos a su favor y en contra de la democracia y del interés popular. Salida por la derecha que cada vez se percibe más difícil.

El empuje popular, la avalancha que se viene impondrá contundentemente el triunfo de AMLO y Morena.

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