jueves, agosto 20, 2026
La Mayoría SilenciosaOpinión

AMLO: Por sus frutos lo conoceréis

Foto: Especial.

Hay una frase del Evangelio que resulta inevitable recordar cuando se observa la conducta de quienes han convertido el poder político en patrimonio familiar: “Por sus frutos los conoceréis”. Y la enseñanza continúa con una metáfora contundente: un buen árbol da buenos frutos, mientras que un árbol malo produce frutos malos.

La frase no pretende convertir la política en un juicio hereditario. Pero cuando varios miembros de una misma familia aparecen recurrentemente envueltos en polémicas relacionadas con privilegios, opacidad, tráfico de influencias o una ostentosa forma de vida, La Mayoría Silenciosa tiene derecho a preguntar de dónde vienen esos frutos.

El caso de los hijos de Andrés Manuel López Obrador es particularmente incómodo para un movimiento político que llegó al poder prometiendo combatir los privilegios de las élites. José Ramón, Gonzalo y Andy López Beltrán han construido una presencia pública inevitablemente asociada con el apellido de su padre y con los beneficios que ese apellido representa en la política mexicana.

José Ramón López Beltrán quedó en el centro de la controversia por la llamada “Casa Gris”, una residencia de lujo en Houston vinculada a su relación con Carolyn Adams, quien tuvo vínculos empresariales con Baker Hughes, empresa que posteriormente obtuvo contratos con Petróleos Mexicanos.

Gonzalo López Beltrán, por su parte, ha sido señalado públicamente por su participación e influencia alrededor de proyectos relacionados con el gobierno de su padre, particularmente en asuntos vinculados con el Corredor Interoceánico y el negocio del balasto para el Tren Maya. Donde los accidentes han sido la tónica de su participación honorífica.

Y está Andy López Beltrán, quizá el caso que mejor resume la contradicción entre el discurso de austeridad republicana y la conducta que la opinión pública ha observado. Su ascenso dentro de Morena no parece corresponder a una trayectoria política construida desde abajo, con los sacrificios, derrotas y años de trabajo territorial que caracterizaron al propio López Obrador. Por el contrario, su apellido abrió puertas que para cualquier otro militante permanecerían cerradas.

Las fotografías de viajes internacionales, hoteles y ambientes de lujo han alimentado el cuestionamiento de La Mayoría Silenciosa, especialmente porque contrastan con el discurso de austeridad que durante años predicó su padre. Y cuando un dirigente partidista pretende presentarse como heredero político de un movimiento, resulta legítimo preguntarle qué méritos propios ha construido y, sobre todo, cómo financia el nivel de vida que exhibe.

El problema de fondo, sin embargo, no son únicamente los hijos. Son las contradicciones entre el discurso político y la realidad. López Obrador prometió transformar la vida pública y acabar con la corrupción, pero los grandes escándalos relacionados con personas cercanas al poder terminaron debilitando ese discurso.

Prometió crecimiento económico, pero México cerró su sexenio con un desempeño económico muy inferior a las expectativas planteadas al inicio. Presumió un sistema de salud comparable con el de Dinamarca y terminó enfrentando severos cuestionamientos por desabasto, infraestructura y capacidad institucional. Prometió combatir la inseguridad y, pese a la militarización creciente de tareas civiles, la violencia continuó siendo uno de los grandes problemas nacionales.

También quedaron pendientes promesas emblemáticas: la gasolina no llegó a diez pesos por litro, las Fuerzas Armadas no regresaron plenamente a los cuarteles y la estrategia de seguridad no produjo la pacificación prometida.

Sus grandes obras —el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles— fueron presentadas como símbolos de la transformación nacional. Sin embargo, sus costos, tiempos, rentabilidad y resultados han generado un debate que está lejos de terminar. A ello se sumaron problemas de mantenimiento de infraestructura y cuestionamientos sobre las prioridades presupuestales del gobierno.

Los hijos de un político no son responsables de las decisiones de su padre. Andy, José Ramón y Gonzalo tienen derecho a desarrollar su propia vida y, si así lo desean, participar en política. Pero cuando utilizan —o son percibidos como beneficiarios de— la influencia de un apellido presidencial, la exigencia de transparencia debe ser todavía mayor. Porque el poder público no se hereda como una propiedad familiar.

Se vienen cambios en Morena EdoMéx

Con la finalidad de enfrentar un complicado proceso electoral en el 2027, la dirigencia nacional de Morena tiene la idea de cambiar a la líder del Estado de México, Luz María Hernández Bermúdez. Motivos hay muchos para dar paso a un nuevo liderazgo, pero resulta sospechoso que los rumores inicien luego de la visita de la líder nacional, Ariadna Montiel, al Estado de México para platicar con “La Maestra”, Delfina Gómez.

Los conflictos entre grupos de Morena en el Estado de México han sido un detonante, porque a la líder le ha faltado carácter para imponer disciplina entre las tribus morenistas; su labor de defensa de los líderes cuestionados por Estados Unidos ha dejado mucho que desear, pero hay quienes hablan de problemas personales que pueden detonar antes de la elección y Morena quiere evitar otro escándalo que dañe la imagen del partido.

Lee más noticias aquí: Diario Evolución

Visítanos en Facebook X.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *