jueves, abril 18, 2024
Opinión

Egoísmo: Un verdadero cáncer

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*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Han escuchado aquella frase que dice: “Me da envidia de la buena” o tal vez esa otra “bien por ti, aunque no sea para mí”.

No siempre los cumplidos son bien intencionados, así como tampoco la envidia es buena; por lo general, el éxito de otros para algunas personas es difícil de digerir.

No ser capaces de gozarnos con los logros de los demás es una clara señal de la insatisfacción de nuestra vida, pero no es tan sólo eso, deja claro también el grado de inestabilidad de nuestro corazón; es decir, si el ver el éxito de algún amigo te causa nauseas, irritación, escozor, rencor, envidia, ausencia de sueño, descomposición gradual de la sonrisa y cosas similares, entonces tu corazón ha enfermado de un antivalor de nombre egoísmo, que es pariente cercano del individualismo y el desamor.

Pensando en este asunto, me surgió una preocupación entorno a la siguiente pregunta: ¿Será posible que el egoísmo, más allá del individuo, logre contaminar a una sociedad completa o inclusive a un sistema de gobierno?

Recordemos un poco de qué manera fluye o debe fluir el ciclo de los valores.

Los valores con los que papá y mamá, en forma personal, llegan al matrimonio, sumados entre sí, dan por resultado los valores que serán llevados al corazón de los hijos; de esta forma se integran en conjunto los valores familiares, que son el resultado de la suma de valores de ambos como pareja y la suma de valores que los hijos han adquirido en lo personal, y, en su caso, en resultado de la suma de cada valor adquirido por cada uno de los hijos. Ahora, todos estos, sumados a la influencia cultural de cada comunidad, barrio, ciudad, estado o nación, define el criterio, la ética y el uso, de los valores que nos definen en conjunto.

De manera entonces que la respuesta a la pregunta, motivo de esta contemplación, no puede ser más que un si rotundo.

El egoísmo sí puede contaminar a una sociedad completa o inclusive a un sistema de gobierno, a partir de lo que nosotros como individuos decidamos, respecto a nuestra actitud frente al éxito de los demás.

En cierta ocasión tuve la oportunidad de compartir esto con un grupo de candidatos a diferentes puestos de elección popular de cierto partido político, expuse la importancia de reacción y acción que los candidatos y actores políticos, de cualquier partido o sistema de gobierno, deben tener ante la pérdida de valores en la familia y en la sociedad.

Me sorprendió, en gran manera, la respuesta del coordinador de aquel grupo, él dijo que lo que realmente importaba en ese momento era ganar la elección y después de eso ya se vería; craso error, claro que es importante ganar una elección, pero ganar sin contemplar en primer lugar lo que realmente afecta a la sociedad que pretendes gobernar esa es la primer equivocación.

No puedes tan solo atacar la violencia sin pretender primero acabar con aquello que la provocó.

Ese es exactamente nuestro tema, el egoísmo hace que perdamos de vista la magnitud de los hechos resultantes de nuestras acciones o reacciones ante el éxito o logros de las personas que nos rodean.

Necesitamos aprender a vivir en libertad, el egoísmo es una de las más terribles ataduras que los seres humanos podamos experimentar, es el mal que no nos permite respetar el medio ambiente; por ejemplo, que no me deja felicitar con honestidad a quien se lo merece, que por su esfuerzo o por sus acciones se lo ha ganado. Es el egoísmo el que no te deja aceptar cuando a tu amigo o compañero le resultan bien las cosas.

Deja de sufrir la buenaventura de los demás y aprende a vivir y disfrutar tus propios logros, lo mucho o lo poco que acumules en tu vida será el resultado de lo que siembres a tu paso por ésta.

Jesucristo dijo: “Conocerán la verdad y ésta los hará verdaderamente libres.”, que gran verdad es esa; vivir en libertad te enseña a disfrutar tus propios logros y los de aquellos que van alrededor de ti y de tu propio camino.

No te baste sólo con ver la felicidad de los demás, aprende a ver la tuya propia.

“La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos guía hacia lo que debemos hacer.”, Joseph Joubert.

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