El equilibrio de nuestra vida

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Equilibrio es orden, y sin un orden especifico en nuestra manera de vivir todo es desorden; aprendo a vivir para disfrutar a mi familia y las cosas bellas de la vida, en consecuencia, mi trabajo y todos los demás asuntos tomaran su turno y grado de importancia, en sintonía.

Llega el momento en que nos cuestionamos si la vida que llevamos es la que siempre quisimos tener; más aún si nuestra rutina diaria no se ajusta finalmente a lo que en algún minuto tuvimos en mente.

Es el momento correcto entonces de hacer un alto en el camino y revisar lo que hacemos, las cosas logradas hasta el momento y si, comparado con el planteamiento inicial, se parece en algo a lo que se planteó como objetivo original.

Según señala Nigel Marsh, en su presentación en TED, titulada: “How to make work life balance work?”, es necesario hacer una pausa y evaluar nuestra existencia.

Tenemos 30 y tantos años, trabajamos más de la cuenta, hemos descuidado la vida familiar, hacemos deporte, etc., puede que sea el momento de reevaluar el panorama y hacer un cambio.

Eso fue exactamente lo que hizo este escritor durante 12 meses, quien luego volvió a buscar trabajo y durante 7 años se ha dedicado a escribir sobre esta disputa interna: su primer mensaje es que el cambio depende de nosotros, porque ni la empresa donde trabajas, ni el gobierno del país donde resides, lo hará por ti.

“Depende de nosotros como individuos tomar el control y la responsabilidad del tipo de vida que queremos llevar, (…) es de particular importancia nunca poner la calidad de vida en manos de una empresa, porque las empresas están pensadas en esencia para conseguir lo máximo que puedan de nosotros.”, afirma Marsh.

Resulta particularmente importante, entonces, descifrar los tiempos y las sazones de nuestra vida, tener claridad de las cosas que hacemos y hacia dónde vamos. Encontrar el equilibrio entre el trabajo y la vida en medio de una agenda apretada puede parecer imposible; sin embargo, hay maneras de lograr el equilibrio.

Para lograr un equilibrio general primero debemos encontrar un equilibrio personal; es decir; si mi vida en lo personal, en un plano individual y profundo, no tiene equilibrio, entonces no hay forma de que logre establecer una línea a seguir en el resto de las cosas.

Una mente libre de estrés, un corazón lleno de amor y una conciencia tranquila, son los tres ingredientes básicos para lograr el equilibrio de nuestra vida.

Una mente libre de estrés es una mente renovada, el apóstol Pablo decía: “Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto.”.

En primer lugar, señala, la importancia de no quedar atados o atascados, que, probablemente sería la mejor expresión, a las costumbres de este mundo tales como: engaño, traición, mentira, dolor, pobreza, miseria, desengaño, deshonestidad, corrupción, competencia desleal, indiferencia, falta de amor; pérdida de valores en general.

La opción entregada de inmediato es transformarse por medio de la renovación de su mente; es decir, esto es maravilloso, ya que habla ni más ni menos de la posibilidad de transformar nuestra mente haciendo a un lado todos aquellos pensamientos de mal, de fracaso, de imposibilidad, de cansancio, de auto desahucio.

Transformarse, la palabra griega que significa transformación, es raíz de la palabra española “metamorfosis”; el significado literal de la palabra griega es “un cambio de forma”.

En el proceso metabólico algún elemento nuevo es introducido para reemplazar el elemento viejo y echarlo fuera; el cambio metabólico que resulta es la transformación. El elemento nuevo entra, el elemento viejo es reemplazado y echado fuera, y el elemento nuevo llega a prevalecer.

Ahora renovar la mente dejando los preceptos y costumbres actuales de este mundo que nos tocó vivir para así tener la capacidad de entender con claridad la propuesta de la voluntad de Dios para nuestras vidas, la cual es simple; vivir y vivir bien, en paz, llenos de amor de cosas nuevas cada día de verdad y justicia, de perdón y posibilidades de vida, de cambio constante y fortaleza.

Conociendo y viviendo entonces todo es bueno, agradable y perfecto.

Una vez que logramos el equilibrio personal lo que sigue es a partir de ese equilibrio, que consecuentemente denota orden y estabilidad, darle a cada asunto de nuestra vida su peso e importancia, no mezclando uno con el otro.

Tu vida necesita un espacio propio, tu familia demanda el suyo también; ¿Por qué no dárselo así como a nosotros mismos? Nuestra familia, cónyuge e hijos, necesitan un trato especial y un espacio dedicado de manera particular.

Cuando estés en casa no finjas, se verdadero, sin engaños ni encomiendas, disfruta cada instante y cada uno hazlo único en compañía de tus seres amados, encuentra en tus espacios de familia la posibilidad de sellar el pacto de amor y dedicación necesarios, cada palabra que viertes y cada actitud que derrochas, vuélvelas acopio de amor y descanso, verás que maravilloso resulta.

De manera que, si estamos bien, en lo personal y en lo familiar, el resultado obligado será un desarrollo profesional adecuado, libre de complejos, dispuesto a vencer todo obstáculo y preparado para corregir y adecuar las cosas que se deban.

Lo mejor de tu vida estará dispuesto para alcanzar los mayores retos y sí, efectivamente, la vida continua su paso, pero en equilibrio, llenos de paz y valores renovados estaremos listos y dispuestos para enfrentar cualquier reto que se presente dispuestos siempre para mejorar y alcanzar la estatura del varón perfecto.

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