‘Lili’ quien murió atropellada por policía de Toluca sigue sin tener justicia
*Fernanda Rodríguez*

El dolor de una madre no conoce de calendarios, pero el tiempo sigue avanzando con una lentitud lacerante para Verónica Manjarrez. A cuatro meses de la partida de Luisa Fernanda, a quien todos llamaban con cariño “Lili”, el vacío dejado aquel fatídico 30 de octubre de 2025 sigue siendo una herida abierta que lastima ante la falta de justicia.
Aquel día, la vida de la joven fue truncada de golpe cuando un elemento de la Dirección de Seguridad Pública y Protección del Ayuntamiento de Toluca, presuntamente carente de la pericia necesaria para estar tras el volante, la atropelló, transformando los planes de una vida compartida en un peregrinaje constante entre juzgados y el silencio del panteón.
La lucha de Verónica no solo es contra el duelo, sino contra un sistema que percibe opaco. El pasado mes de febrero, con firmeza, se hizo presente en las instalaciones del Poder Judicial del Estado de México (PJEdoMéx), donde exigió una observación puntual del caso.
La demanda de la madre de Lili es clara: exige transparencia absoluta en un proceso que, desde su origen, ha estado marcado por irregularidades que ensombrecen la verdad.
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Entre las anomalías más graves señaladas por Manjarrez destaca una violación flagrante a la cadena de custodia; asegura que personal del Ayuntamiento permitió que un elemento policial, vestido de civil para pasar desapercibido, extrajera evidencias del vehículo involucrado antes de que las autoridades correspondientes pudieran asegurar la escena.
Para la madre de Lili, la tragedia tiene un rostro y un nombre envuelto en tecnicismos legales: Eduardo “N”. Desde la audiencia inicial, la jueza le otorgó al imputado la libertad procesal bajo medidas cautelares que incluyen una fianza de 150 mil pesos y la obligación de firmar cada quince días.
Mientras el responsable transita fuera de las rejas con la única restricción de no abandonar el Estado de México, Verónica recorre los pasillos de un cementerio para llevar flores a un lugar donde la plática es, dolorosamente, unilateral.
En el corazón de Verónica se repiten las escenas de lo que ya no será: las tardes de compras, las risas capturadas en selfies, los desayunos prolongados y esas charlas profundas sobre las experiencias de vida que madre e hija solían compartir. Hoy, ese lazo cotidiano ha sido sustituido por la resistencia civil.
A pesar del cansancio y de un dolor que describe como insoportable, Verónica Manjarrez mantiene la promesa de no descansar hasta que la responsabilidad del elemento policial sea reconocida plenamente, buscando que el nombre de Lili no sea solo una cifra en un expediente, sino un estandarte de justicia en Toluca.

