¿Qué haremos con nuestros hijos?

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Pensando en la relación padres e hijos, ¿cuántas veces habremos terminado el día frente al espejo quejándonos por nuestra falta de capacidad para comunicarnos con nuestros hijos?

Más allá de lo que muchos piensan, para lograr una correcta comunicación se necesita más que solamente un emisor y un receptor. No podemos hacer a un lado la voluntad, el motivo, el carácter, la disposición, el interés, la necesidad, la distancia, etc.

Los medios de comunicación hoy día han tenido un avance impresionante, nos podemos comunicar con los demás, de tantas formas, que inadvertidamente perdemos la noción de ello.

Dicho todo esto, quiero plantear un problema. ¿Por qué, a pesar de tantos medios de comunicación, no logro comunicarme con mis hijos?

Diré, entonces, que la primera causa es la falta de interés de nuestra parte como padres.

¿Será esto posible?, ¿en verdad perdemos el interés por comunicarnos con nuestros hijos?

Desafortunadamente sí, nuestros propios desaciertos y tropiezos nos van llevando sin darnos cuenta a un estado de desinterés, cuando trataste de corregir un problema una y otra vez y no ves que eso cambie; entonces, la reacción inmediata es perder interés y dejarlo pasar simplemente como, por ejemplo, el caso de un padre frente a un adolescente.

La comunicación va más allá de los medios, tiene que ver más bien con la intención; dicho de otra forma, con lo que esperamos lograr y la manera en que lo haremos.

En segundo lugar, cuando perdemos de vista el centro de la tormenta; el sigiloso ritmo de la vida, cual onda de mar, poco a poco va cambiando el rumbo de nuestro viaje.

Sin darnos cuenta, en cierta etapa de nuestras vidas, el afán por ser mejores, por llenarnos de satisfactores o simplemente perseguir aquellos tantos sueños que soñamos, nos hacen perder de vista lo esencial y llega el momento en que ya no nos percatamos de la falta de comunicación existente con nuestros hijos, este problema puede resultar más grave que el primero.

Atiendo y resuelvo lo que veo, pero ¿qué sucede con lo que no veo o pierdo de vista? Lo primero, tal vez, que debamos entender, es que nuestros hijos llegaron a nuestras vidas no por decisión propia.

Ellos no escogieron ni el lugar, ni la hora, ni el clima, ni el hospital y finalmente ni a sus padres, ellos simplemente llegaron; ahora no quiero decir que sean como un premio en una caja de cereales, lo que deseo determinar es que sus opciones son menores que las nuestras.

Nuestra misión como padres es de cada día, a toda hora y bajo cualquier circunstancia. La comunicación con nuestros hijos da inicio con el primer abrazo y beso que él o ella recibió al nacer.

Fue en ese mismo instante que derramamos sobre la vida de nuestros hijos un compromiso de amor y de cuidado.

A partir de ese primer desvelo a su lado, de esa primera caricia, de esa primera sonrisa o lágrima, iniciamos un largo y nada sencillo proceso de comunicación con nuestros hijos.

La comunicación con nuestros hijos se basa en confianza, se fortalece con los valores que sostenemos en nuestras propias vidas para así inyectarlos en las suyas. Es un cuadro completo de congruencia, honestidad y verdad.

Por supuesto que la comunicación con nuestros hijos se verá afectada por muchas cosas en un sinfín de oportunidades, como, por ejemplo, situaciones de trabajo, por asuntos personales, inconclusos, por la separación de los cónyuges o por inestabilidad económica; en fin, todo y más alrededor de nuestras vidas.

Sin embargo, siempre podremos confiar en nuestros hijos para salir adelante y no importará que tan grande sea el problema o que tan difícil parezca, si nuestros hijos conocen lo profundo de nuestro corazón, lo grande de nuestro amor por ellos o lo importante que son para nosotros, ellos encontrarán el camino a lado nuestro, a pesar de todo.

¿Por qué mi hijo no escucha?, ¿por qué no obedece?, ¿por qué nunca quiere estar con nosotros?

Permítame insistir en esto, nuestros hijos solo están esperando por nosotros para que todo esto suceda.

El rey Salomón decía: “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”; es decir, si desde la niñez viertes en el corazón de tus hijos los valores correctos, el amor a Dios y a su prójimo, el respeto por la naturaleza, honestidad, responsabilidad, entonces, nunca se apartarán del buen camino y siempre buscarán el consejo de sus padres.

Ahora, Saulo de Tarso decía: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”; no canses a tus hijos con mentiras o evasiones cuando estos necesiten la verdad.

La verdadera comunicación con nuestros hijos será, entonces, la práctica de la honestidad y la congruencia de nuestras vidas.

Si ellos perciben un verdadero deseo e interés de nuestra parte hacia sus asuntos, entonces ellos abrirán el canal correcto de comunicación y más aún si nuestros hijos entienden y son capaces de ver con claridad la congruencia de nuestra vida, ellos tendrán las herramientas y motivos suficientes para respetarnos y seguirnos.

No esperemos que alguien más ocupe nuestro lugar, dejemos ver a nuestros hijos que el asunto más importante para nosotros, es verlos en un camino de rectitud y bien constante.

No hagas que tus hijos carguen con tus problemas, o tus culpas, vuélvete a ellos con todo tu corazón y entrégales sin medida lo mejor de ti; entonces, se abrirá el canal correcto para comunicarte con ellos.

¿Qué es lo que deseo que mi hijo perciba de mí?

Necesito que sepa cuanto lo amo, lo importante que es para mí, necesito que sienta todo el amor que he guardado para su vida, que conozca quién soy y cómo soy, que entienda mis aciertos y fracasos, que perciba cuanto me importa y que caminen por la senda correcta toda su vida.

No olvidemos nunca que en la relación padres e hijos, la comunicación será mejor si nosotros, como padres, entablamos el inicio de esta.

Si buscar la correcta comunicación en todos los casos recae en nosotros como padres, nuestros hijos recibirán un mensaje muy positivo de amor e interés hacia sus vidas y sus asuntos.

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