Un camino sin rumbo

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: Unos no duermen por la ansiedad de obtener las cosas que no tienen y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que ya tienen”.

La insatisfacción, esa sensación de siempre necesitar algo más, cuando mis planes de vida se convierten en listas de mandado; cada cosa que obtengo me dice que pudo ser mejor o debió serlo.

“La mitad de la vida es deseo, y la otra mitad insatisfacción” -Carlo Dossi-

¿Alguna vez has tenido esa sensación de que no importa lo que hagas nunca es suficiente? ¿Piensas que podrías haberlo hecho mejor? ¿Te exiges mucho? ¿Te comparas constantemente con los demás? 

La insatisfacción crónica es tóxica y nos conduce al perfeccionismo y a la exigencia, pero también a la soledad.

La insatisfacción lleva en sí misma una fuerte dosis de culpa y desencanto, no permite disfrutar ni contemplar lo que se ha logrado, siempre exige y te mantiene sediento, llegar a la meta es imposible.

¿Qué sucede cuando no logramos vencer este sentimiento? 

Vivir insatisfechos provoca un estado de incertidumbre, de derrota, de descontento; nos hace ver débiles, incapaces de lograr un objetivo.

No confundamos el deseo por mejorar nuestra condición actual o de superarnos, que como quiera que sea, a mediano o largo plazo llegaremos a donde debamos, ¿pero, qué cuando llegues? 

Si no tienes la capacidad de sentarte un momento a contemplar y a disfrutar tus logros, de saborear el fruto de tu trabajo o de tu esfuerzo, entonces será como nunca haber tocado la meta.

Me gusta pensar que al final del día mi esfuerzo valió la pena, disfrutar con mi familia ese momento: ¡Por fin terminamos de pagar el carro que compramos! 

Ya tenemos el dinero para las vacaciones deseadas, la universidad de mis hijos ya es una realidad, la casa nueva al fin llego, tengo un mejor trabajo, estoy con quien quiero estar y en donde debo estar.

La insatisfacción es un síntoma de desacuerdo, de negación, de sufrimiento, de perdida de visión de la realidad que te rodea, una clara incapacidad de agradecer y vivir estable y en paz.

Quiero compartirte un salmo maravilloso que en momentos de insatisfacción y de inestabilidad, te ayudará a encontrar paz y seguridad y sobre todo, a sentir la plenitud en tu vida.

Jehová es mi pastor

Salmo 23 de David.

23 Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Transitar la calle de la insatisfacción es cosa terrible. Si cada vez que levantas la mirada buscando el camino a seguir, solo encuentras penumbra y soledad, entonces es tiempo de cambiar, de restituir el camino original de las cosas y encontrar el bien de tu vida y tu familia.

¡Sí! Es posible vivir satisfechos, completos y muy felices, bendecidos y en completa paz. Comienza a disfrutar lo que hasta ahora has logrado, lo poco o lo mucho, cada logro por pequeño que sea es verdadero y digno de reconocimiento y de satisfacción, camina el camino de paz, cerca de tu familia, de tus verdaderos amigos, cerca Dios y si llegas al fin a la cima, detente un momento, respira profundo y mira a lo lejos; disfruta y ve hasta donde has podido llegar.

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