miércoles, junio 3, 2026
La Mayoría SilenciosaOpinión

El discurso de la soberanía oficialista está moralmente muerto

Foto: Especial.

No deja de ser una ironía digna de comedia trágica ver a la presidenta Claudia Sheinbaum asumir una postura de patriótica sorpresa ante lo que califica como “injerencismo” de Estados Unidos. Al denunciar que Washington busca influir en el rumbo político del país, la mandataria parece creer que ha descubierto el hilo negro de la geopolítica. La realidad, sin embargo, es mucho más pragmática, fría y de vecindad obligada: la preocupación de la Casa Blanca no responde a un capricho colonialista, sino a una serie de focos rojos que el propio gobierno de Morena se ha encargado de encender.

Washington no interviene por mero gusto ideológico; interviene porque no le gusta el rumbo que está tomando su vecino del sur. Los motivos fundados abundan. El primero y más alarmante es la que cada vez es más evidente y documentada cercanía de prominentes figuras del partido oficialista con el crimen organizado. Mientras el discurso público habla de soberanía, las agencias de inteligencia estadounidenses observan con lupa la impunidad con la que operan los cárteles, la protección implícita a militantes ligados a la delincuencia y un fenómeno que desangra al Estado, el imperio del huachicol (robo de combustible) combinado con la corrupción interna.

A esto se suma la sistemática demolición del andamiaje democrático mexicano. Para Estados Unidos —su principal socio comercial—, ver cómo se destruyen los contrapesos institucionales no es un asunto menor. La controvertida reforma al Poder Judicial, el asedio y virtual captura de las instituciones electorales y la desaparición del organismo de transparencia no son vistas como “purificaciones de la vida pública”, sino como la antesala de un régimen autoritario. Un México pegado a una izquierda radical, sin contrapesos jurídicos que garanticen la certeza inversionista y con las puertas abiertas al arbitrio de un solo grupo político, es un vecino peligroso e impredecible.

Es en este escenario donde el discurso de la soberanía se quiebra por su propio peso. ¿De qué soberanía se puede hablar en un Estado donde a la presidenta le ha faltado carácter para someter a los verdaderos señores de la guerra? Es profundamente irónico exigirle al pueblo que defienda la independencia nacional cuando vastas zonas del territorio padecen una ingobernabilidad absoluta, entregadas de facto al control territorial de los grupos delictivos. Pedirles a los ciudadanos que salgan a dar la cara por políticos con un negro historial, escudándose en la bandera nacional, no es patriotismo: es un burdo engaño.

El temor de Claudia y de la cúpula de Morena es real y es válido: saben que las agencias del norte no olvidan y que las cortes federales estadounidenses suelen ser el destino final de quienes se creían intocables. Bien dicen que “vienen por unos y luego vienen por otros”, pero hay una máxima popular que hoy cobra más fuerza que nunca: si no das motivos para ser perseguido, no tienes de qué preocuparte. Quien tiene las manos limpias no teme a la justicia, venga de donde venga.

La desconexión entre el gobierno y sus gobernados es tan profunda que se ha llegado a un punto de quiebre psicológico: hoy, La Mayoría Silenciosa reza en silencio para que sea la justicia de Estados Unidos la que castigue a los criminales y políticos corruptos que el gobierno actual protege. Saben perfectamente que, dentro de las fronteras nacionales, el régimen ha tomado el control de todo para garantizar la impunidad de los suyos. Cuando un pueblo prefiere la intervención de una potencia extranjera para ver un gramo de justicia en su tierra, el discurso de la soberanía oficialista no solo es falso; está moralmente muerto.

Delfina Gómez recibe golpe de realidad

Las cifras alegres que pregona el gobierno del Estado de México acerca de la baja de homicidios dolosos pasan a ser una estrategia mediática que nadie en La Mayoría Silenciosa cree, y mucho menos luego del asesinato de un mando policiaco en la zona sur del territorio mexiquense. El 1 de junio el gobierno estatal daba a conocer la baja del 34 por ciento en homicidios dolosos, pero al otro día, Miguel Raymundo, quien se desempeñaba como jefe en la Región XV de la Secretaría de Seguridad con sede en Luvianos, fue privado de la vida.

Desafortunadamente, durante su mandato, la entidad mexiquense se encuentra entre las cinco entidades con mayor número de agentes asesinados, al registrar al menos 10 casos en 2026; está solo por debajo de Jalisco, Sinaloa, Michoacán y Morelos. El primer caso en la entidad mexiquense ocurrió el 11 de enero, cuando un policía estatal fue asesinado en Cuautitlán.

Días después, el 16 de enero, un auxiliar estatal fue ejecutado en Amecameca; se suma el hecho registrado el 11 de febrero, donde Jorge Manuel “N”, policía estatal, fue asesinado en Ecatepec; el 5 de marzo, un policía municipal fue privado de la vida en Tepotzotlán; el 3 de abril, un policía municipal fue asesinado en Villa Victoria; el 10 de abril, Rodrigo Garduño Ascencio, elemento estatal, también fue asesinado en Tenango del Valle. Las cifras no mienten, esa es la realidad.

Soberbia y autoritarismo: el sello de Ricardo Moreno

El presidente municipal de Toluca, Ricardo Moreno Bastida, ha caído muy bajo con tal de obtener la reelección para el cargo; ha buscado someter, presionar y amedrentar a todo aquel que le haga sombra en su ruta política. Las acciones son bastas; mandó a sus empleados disfrazados de exregidores a pedir la continuidad de su gobierno, sin pena de perder sus ingresos en el ayuntamiento, ha presionado a otras personas para sentarse a dialogar a cambio de favores, ha utilizado a la familia de militantes de Morena para buscar destruirlos.

No obstante, con esas prácticas que ya son vergonzosas, últimamente, amenazó a dos regidores por disentir con sus proyectos o encuestas: a la priista Shantall Zepeda, quien acusó persecución política desde hace un año y presiones por no estar de acuerdo con la construcción de bodegas en la zona de la colonia Independencia y Científicos. Al regidor Jaime Amado López por señalar que el 75 por ciento de la gente se siente insegura en Toluca y evidenciar el paupérrimo trabajo de bacheo. La soberbia y el autoritarismo son cada vez más evidentes en el presidente municipal, quien, lleno de poder, se ha negado al diálogo con los vecinos y no se diga con sus pares en el cabildo.

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