lunes, abril 6, 2026
Municipios

Con grito de justicia y ni una menos dan el último adiós a Yesenia en Xonacatlán

*Fernanda Rodríguez*

Foto: Fernanda Rodríguez

El sol de este lunes caía con fuerza sobre Xonacatlán, iluminando un panorama que se sentía extrañamente brillante para la oscuridad que embargaba a la comunidad de San Antonio.

Eran las 13:00 horas cuando el cortejo fúnebre comenzó su marcha, un avance lento y pesado marcado por el eco de los pasos y el llanto contenido.

Una fotografía de Yesenia recordaba su mirada de 23 años, una imagen que encabezaba el camino de un féretro cerrado hacia el panteón municipal, resguardando los restos de una madre que solo buscaba salir adelante.

Yesenia era el motor de su familia. Cada hora de esfuerzo en la fábrica donde trabajaba tenía un destino fijo: el futuro de sus dos hijos pequeños y el sueño personal de volver a las aulas para terminar sus estudios.

Esas metas quedaron suspendidas el pasado viernes, cuando salió de casa para dar un paseo con el hombre que fue su pareja por dos años.

Lo que debió ser una tarde de esparcimiento se convirtió en una búsqueda agónica que terminó de la peor manera a un costado de la autopista Lerma–Valle de Bravo, en la colonia El Espino Peralta.

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En el cementerio, rodeada de sus padres, su hermano y los ramos de flores que sus compañeros de trabajo llevaron como símbolo de respeto, la señora Belén transformó su desconsuelo en una exigencia firme, justicia.

Ante la detención de un sospechoso, el ruego de la familia es que las autoridades del Estado de México actúen con todo el rigor de la ley. “La justicia no le devolverá la vida a Yesenia, pero es el único consuelo que le queda a una madre que ahora debe explicarle a sus dos nietos por qué su mamá ya no volverá a casa”, dijo la señora Belén con gran tristeza.

Bajo la mirada de una comunidad consternada, Yesenia fue despedida entre promesas de cuidado para sus hijos y un grito silencioso que exige que su nombre no se convierta en una cifra más olvidada.

Mientras la tierra cubría el ataúd, la comunidad se unía en un sentimiento de injusticia compartida, despidiendo a una joven cuya dedicación y esfuerzo terminaron truncados, dejando tras de sí un reclamo que retumba en cada rincón de Lerma y Xonacatlán: ni una menos.

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