EdoMéx fuera del mundo deportivo y del espectáculo

El Estado de México, con más de 17 millones de habitantes, es la entidad más poblada del país. Sin embargo, cuando se trata de infraestructura deportiva y cultural de primer nivel, la realidad es decepcionante. Mientras otras ciudades mexicanas presumen equipos profesionales en ligas de basquetbol, béisbol o volibol, el territorio mexiquense permanece ausente de ese mapa. La carencia no es casualidad, es el reflejo de una política pública que ha relegado al deporte y al espectáculo a un segundo plano.
La situación no es nueva; desde hace lustros el territorio mexiquense carece de representantes deportivos en las principales ligas del país. Mientras la Ciudad de México, Guadalajara y Nuevo León son referentes en las ligas deportivas, el Estado de México solo tiene al equipo de futbol Toluca. El último que hizo un intento por incursionar en el deporte profesional fue el equipo de baloncesto Gigantes, con el apoyo del entonces gobernador, Eruviel Ávila Villegas.
Nuevo León tiene arenas y estadios que albergan a los equipos Rayados, Tigres, Fuerza Regia, Sultanes y Sultanas en el equipo femenil de softbol; Jalisco tiene al Guadalajara, Atlas, Astros y Charros y Charras, que juegan también en la Liga del Pacífico; la Ciudad de México tiene a Los Diablos, Las Diablas, Ángeles en Cibacopa, Los Capitanes, que juegan en la liga NBA G League.
La falta de equipos profesionales en las principales ligas no solo limita las oportunidades de desarrollo para los atletas locales, también priva a La Mayoría Silenciosa de referentes deportivos que inspiran a nuevas generaciones. ¿Cómo puede un joven mexiquense soñar con llegar a la Liga Mexicana de Béisbol, a la Liga Nacional de Baloncesto Profesional o a la liga CIBACOPA si en su propio estado no existe un equipo que represente su identidad? Las mujeres tampoco tienen oportunidad porque no hay representación en la liga de sóftbol o de voleibol profesional: estados con menos presupuesto o población hacen un esfuerzo y tienen equipos en estas ligas, pero el Estado de México, a pesar de ser el más poblado, ni siquiera se acerca.
A esta ausencia se suma otro déficit, la inexistencia de un recinto para espectáculos de primer mundo. El Estado de México carece de un estadio o arena con capacidad y condiciones dignas para albergar conciertos internacionales, partidos de alto nivel o eventos masivos. Su teatro Morelos alcanza un poco más de 3 mil espectadores; está el recinto ferial de Metepec y el estadio de Béisbol Toluca 86, que honestamente es paupérrimo para conciertos: los dos de Toluca, sin estacionamiento digno.
La Mayoría Silenciosa mexiquense debe desplazarse a la Ciudad de México para disfrutar de experiencias que, por población y relevancia económica, deberían estar disponibles en su propio territorio.
La falta de obras emblemáticas en materia deportiva y cultural es un síntoma de un problema mayor, la desconexión entre las autoridades y las necesidades reales de la ciudadanía. Se invierte en proyectos de corto plazo, pero se ignora la infraestructura que podría detonar desarrollo social, cohesión comunitaria y orgullo regional.
El deporte y la cultura no son lujos, son herramientas de transformación social que el Estado de México sigue sin aprovechar y arrastra una deuda histórica con sus habitantes. Urge una visión de largo plazo que apueste por equipos profesionales, recintos de calidad y obras que coloquen al territorio mexiquense en el lugar que merece.
No se trata solo de entretenimiento: se trata de identidad, desarrollo y justicia para millones de ciudadanos que hoy viven en la periferia del deporte y la cultura.
Delfina Gómez sigue corriendo secretarios, pero no mejora nada
No importa si es la secretaría de Seguridad, Finanzas, Movilidad o Salud; el caso es que la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, sigue corriendo secretarios, pero las condiciones de los mexiquenses no mejoran. Su gabinete parece carrusel de feria: unos bajan y otros suben, pero no hay resultados en la materia. No importa cuántas sustituciones haga la maestra; mientras no tenga un proyecto de trabajo y una estrategia, los problemas del Estado seguirán igual.
Delfina Gómez no le halla la cuadratura al círculo, no tiene una idea clara de cómo manejar la administración estatal y, mucho menos, ha mostrado capacidad política para resolver los problemas que hay dentro de su gabinete e incluso en la entidad. Las manifestaciones son solo una muestra de la falta de negociación del gobierno estatal con las organizaciones sociales, muchas afines al proyecto que hoy encabeza.
