El arte que resiste entre el polvo y la piedra: los canteros de Chimalhuacán mantienen viva una tradición centenaria
*Luis Ayala Ramos*

Entre el golpeteo constante del cincel y el eco de los martillos sobre la piedra, los canteros de Chimalhuacán mantienen viva una de las tradiciones más antiguas del Estado de México. En medio del crecimiento urbano y la modernidad, estos artesanos continúan tallando esculturas, fuentes, columnas y figuras religiosas que hoy son parte del patrimonio cultural de la región.
En barrios como Xochiaca, San Agustín o Acuitlapilco, todavía se pueden ver los talleres improvisados donde hombres y mujeres, cubiertos de polvo blanco, dan forma a bloques de piedra extraídos del Cerro El Chimalhuache. El oficio se transmite de generación en generación y es considerado una herencia sagrada que ha dado identidad al municipio por más de 200 años.
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La tradición cantera de Chimalhuacán no solo representa un sustento económico para cientos de familias, sino también una manifestación artística que ha trascendido fronteras. Obras talladas por manos locales han llegado a otros estados e incluso al extranjero, donde son reconocidas por su calidad y detalle artesanal.
Sin embargo, los canteros enfrentan retos cada vez mayores. La disminución de los bancos de piedra, el encarecimiento de herramientas y la competencia con materiales industriales como el concreto o la resina han afectado su producción. Muchos talleres trabajan con recursos limitados y sin apoyos formales, dependiendo de encargos esporádicos o ferias artesanales.
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