En Metepec hay algo que no se compra ni se fabrica… se hereda: sus fachadas
*Redacción Diario Evolución*

En Metepec hay algo que no se compra ni se fabrica… se hereda: sus fachadas. Muros rosa, durazno, verde suave y puertas de madera que parecen guardar secretos de barrio. No son “solo casas bonitas”: son parte de una estética hogareña que habla de identidad, comunidad y orgullo por lo propio.
Lo que ves aquí es tradición viva; en muchísimos rincones del Pueblo Mágico todavía sobreviven estas calles con banquetas estrechas, portones altos y acabados sencillos —una huella del Metepec cotidiano, el que se camina sin prisa y se reconoce por sus detalles.
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Dato curioso: estos colores y texturas no son casualidad: en pueblos del centro de México, pintar la fachada ha sido por generaciones una forma de cuidar la casa, celebrar la familia y embellecer la cuadra, especialmente antes de fiestas patronales o eventos comunitarios. Y sí: aquí eso aún se siente.
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