Un tesoro sin igual

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Desde que era niño, disfrutaba sobremanera el reunirme en las vacaciones con mis primos; en semana santa y navidad con los de la Ciudad de México y en verano y año nuevo con los de Gómez Palacio; Durango. Si algo realmente puedo añorar ahora a mis 55 años de edad, son esos momentos tan cálidos y divertidos que viví en familia.

No existía nada que nos detuviera, una vez que lográbamos levantarnos muy temprano por la mañana, nos dábamos a la tarea de investigar todo, comer de todo y jugar a todo lo que nos fuera posible, el día se iba volando, sin percatarnos llegaba la noche y con ella el recuento de victorias, aventuras y travesuras por igual.

Recuerdo con claridad cada momento, el rostro de mis primos y primas, de los tíos y las tías, de la abuela, de los amigos que en ocasiones nos acompañaban y se volvían parte de la trama, ¡qué tiempos aquellos!

Sin darnos cuenta fuimos creciendo y la vida nos fue llevando por diferentes caminos. Nuestras inquietudes y metas, trazaron rumbos distintos para cada uno y como suele pasar, dejamos de vernos algunos, mientras que algunos pocos, logramos mantenernos en contacto.

El tiempo paso, ya todos crecimos y como es natural cada uno forjo la vida que mejor le pareció. A mis 55 años de edad, reconozco que no me ha sido suficiente el tiempo para estar en contacto con toda mi familia, pero es algo que poco a poco intento remediar, he pasado los últimos años buscando y contactando a cada uno de mis primos, que por increíble que parezca, a muchos de ellos deje de ver hasta por más de 20 años y como era de esperarse, de repente me llene de sobrinos y sobrinas, primos y primas que hasta el día de hoy no termino de conocer.

La reflexión que quiero compartir con todos en esta ocasión es la siguiente: La familia sigue siendo el núcleo de la sociedad y los valores que se siembran en ella desde la niñez, son valores que perduran todos los días de nuestra vida, permitiendo que a pesar de los inconvenientes de la vida o los sucesos de esta, sea la familia, el verdadero equilibrio de nuestra sociedad.

Entre tantos asuntos es fácil perder el rumbo, pero ahora más que nunca sentirnos amados y apapachados por la familia es verdaderamente importante.

“La sangre llama” reza un dicho y es verdad, lograr encontrar paz en medio de la familia es una dicha sin igual. La familia es el modelo ideal creado por Dios, en ella fácilmente descubrimos los más altos preceptos de paz y concordia, brindándonos una riqueza sin igual. 

Una familia unida es en tiempos de adversidad el mejor escudo, en tiempos de guerra el lugar más seguro, en tiempos de paz alegría toda. 

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”

Moisés instruye a su pueblo de parte de Dios estas palabras y la instrucción era clara, les pide a los padres grabar en el corazón de sus hijos los preceptos del Señor, preceptos que en forma de valores verdaderos trasciendan su vida y su tiempo para que el mensaje y la enseñanza sea la misma siempre: Con Dios delante de la familia todo siempre será mejor.

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