martes, marzo 5, 2024
Opinión

Y… ¿quién dijo que sería fácil?

*Aarón Dávila*

Foto: Especial.

Todo comienza al verlos nacer.

El quirófano es una locura, enfermeras van y vienen, todos concentrados en lo suyo. El médico con denuedo realiza una de las más difíciles tareas, traer a este mundo  un nuevo ser.

Mamá, entre esfuerzos y gritos, protagonista principal en esta historia, hace su mejor labor atenta a las instrucciones del médico y mientras tanto papá, cual badajo de campana, se deja llevar por el momento, entre nervios e ilusión, totalmente desencanchado esperando escuchar el llanto del nuevo ser y así, en un tremendo crescendo repentinamente se deja escuchar el más sublime y esperado llanto, una hermosa criatura aparece en esta maravillosa escena de amor.

Papá y mamá esperan ansiosos tocarla y tenerla en sus brazos y cuando eso sucede ambos embelesados y sin aliento, rompen en llanto, la felicidad desborda y todo entonces cobra sentido, valió la pena todo esfuerzo, la espera, la ilusión, la esperanza que hasta ese momento fue lo que realmente sostuvo todo.

A partir de ese maravilloso acto, da inicio una de las más grandes aventuras jamás contadas: ¡Los hijos!

Al paso de la niñez y la adolescencia, de pronto aquella hermosa criatura a quién cargábamos en un solo brazo llega a la juventud y así, da inicio el tiempo de tomar decisiones y preparar la llegada de la vida adulta.

Y bien, aquí estamos, los vimos llegar y pronto los veremos partir en pos de realizar sus propios sueños y forjar su propia historia. Pero, una preocupación nueva se presenta, no saber si fue suficiente lo que les enseñamos, ¿las herramientas que les dimos para el camino fueron las correctas? ¿Las instrucciones fueron claras o no? ¿Su corazón lleva los suficientes tesoros para enfrentar los retos de cada día?

Siempre esperaremos que les vaya bien y por supuesto, poder ser en todo momento parte de su historia.

Aprendimos de todo en el transcurso de la vida, pero ninguna escuela nos enseño a ser padres, tuvimos que ingeniárnosla para salir adelante en esta especial labor y en verdad no es sencilla esta tarea, pero ninguna otra puede darnos la satisfacción y la plenitud que la paternidad nos da.

Mi humilde consejo en todo tiempo es: que cada momento cuente, haz de cada instante con tus hijos el mejor, dales lo mejor de ti siempre, que ellos perciban tu interés por sus logros, que sientan tu amor en cada acción y palabra, que tengan claro que siempre encontrarán refugio en casa y que siempre habrá espacio para una historia más.

El rey Salomón escribió un salmo maravilloso donde expresa lo siguiente:

“Los hijos son un regalo del Señor;
los frutos del vientre son nuestra recompensa.
Los hijos que nos nacen en nuestra juventud
son como flechas en manos de un guerrero.
¡Dichoso aquél que llena su aljaba
con muchas de estas flechas!
No tendrá de qué avergonzarse
cuando se defienda ante sus enemigos.

Los hijos son una bendición y el verdadero sentido de todo esfuerzo, si dejamos que Dios nos guíe, contaremos con la ayuda necesaria para llevar acabo esta encomienda de vida.

Nadie dijo que sería fácil, pero tampoco imposible y por el contrario la crianza de los hijos será en todo tiempo nuestro mayor tesoro de vida.

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