Cuentas y cuentos
*Joaquín Humberto Vela González*

El Sistema Universal de Salud es de los programas de mayor impacto social, de entre los anunciados por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
El contar con un Sistema Universal de Salud es una aspiración de todas las sociedades del mundo, ejemplo paradigmático del Estado del Bienestar implantado durante la segunda posguerra mundial.
El Estado de Bienestar atendió a las lamentables condiciones de destrucción económica y social que sufrió Europa, epicentro de la Segunda Guerra Mundial. Y es que si se gastó tanto en matar gente, también se debía gastar en curarla y cuidarla.
En 1948 se creó en el Reino Unido al Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés: National Health Service), con el objetivo de brindar atención médica integral, gratuita y accesible, a toda la población inglesa, con base en las necesidades clínicas, y no en la capacidad de pago.
El modelo de salud del gobierno británico sirvió como inspiración para que otros países desarrollaran proyectos integrales de salud pública, destacando, entre otros: Francia, Austria, Suiza, Japón, Corea del Sur, Singapur, Canadá, Uruguay, Costa Rica, y de manera relevante Cuba.
Las condiciones de recuperación y de crecimiento de la economía mundial durante la posguerra, generó un ciclo de expansión económica de 25 años (1948-1973), que permitió, en varios países del mundo, excedentes fiscales que financiaron a un gran desarrollo económico y social denominado Welfare State (Estado Benefactor). Además de la salud de alto nivel para la mayoría de la población, el Estado Benefactor incluyó también, entre sus beneficios, a: Educación pública de primer nivel; seguros de desempleo; y apoyos asistenciales a sectores vulnerables, como los programas de apoyo a la alimentación para personas en pobreza extrema, o como las pensiones universales a todas las personas adultas mayores.
Sin embargo, a partir de 1973, la economía mundial dejó de crecer al mismo ritmo, y desde entonces, viene sufriendo de crisis recurrentes, las cuales trataron de ser reparadas con iniciativas de corte neoliberal, que fracasaron, pues implicaban recortar presupuestos en estos programas sociales, provocando graves daños para la mayoría de la población mundial, mientras que dieron consistentes beneficios a los grupos financieros concentradores de la riqueza, afectando no solo a la salud pública, sino a los programas de seguro de desempleo y a algunos de educación pública, saboteando al sendero del Welfare State, a pesar de todas sus bondades. Sin embargo, estos obstáculos no han logrado doblegar a este impulso, como se demuestra con el programa que ahora se inicia en nuestro país.
Margaret Thatcher, conservadora neoliberal que ascendió en 1979 como Primera Ministra de Reino Unido, dijo desde su campaña electoral que, el sistema de salud pública británico no sería tocado, y sin embargo, llegando al poder, recomendó y actuó para desmantelar al Estado de Bienestar implantado por sus adversarios políticos del Partido Liberal, pues su costo fiscal representaba, según ella, un riesgo de quiebra para las finanzas públicas, y una alteración a las reglas de la competencia innovadora empresarial. Otros destacados gobiernos neoliberales en el mundo, si hicieron recortes presupuestales para cancelar a los Estados benefactores en sus países. Sin embargo, a pesar de todos estos ataques, el Programa Universal de Salud pudo subsistir en la mayoría de los países que le lograron implantar, debido al gran significado social, e incluso electoral, que representa.
Estos antecedentes clarifican la importancia del proyecto de la presidenta Sheinbaum Pardo, de que, para 2027, el sistema de salud mexicano esté totalmente integrado, permitiendo la portabilidad de servicios entre IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar, para así asegurar la atención gratuita y la digitalización del expediente médico de todos los mexicanos. Los retos y las dificultades para la instrumentación de este programa gubernamental son múltiples, sobre todo por la insuficiencia de dinero público para sustentarle, pero no se puede dejar de reconocer la importancia de la iniciativa.
Por lo pronto, en el Presupuesto de Egresos de la Federación de México, para 2026, fueron aprobados por nuestro Congreso de la Unión, importantes incrementos de varios miles de millones de pesos para los presupuestos para el IMSS, el ISSFAM, el ISSSTE y la Secretaría de Salud.
La presidenta Claudia acaba de declarar que, al final de su administración, habrá 10 mil camas para el Instituto Mexicano del Seguro Social. Durante el inicio de obra del Hospital General de Santa Catarina, Nuevo León, Sheinbaum Pardo acusó que, en el periodo neoliberal no se construyeron hospitales, se instauró al outsourcing, y se dejaron de formar médicos.
Pero que conste: Se ha proyectado que la producción y la economía en México tienen que crecer mucho más como para poder generar las suficientes finanzas públicas para poder financiar a este muy necesario e inmenso proyecto de salud pública.
El Servicio Universal de Salud será una tarea titánica que implica: Erradicar de raíz a la corrupción, y al conjunto de prácticas y vicios que se han incubado en este sistema, y habrá que reconfigurarle totalmente para hacerle eficiente en beneficio de todos los mexicanos, además de que también implica poder garantizar a los recursos necesarios para financiar a esta actividad vital del gobierno. Pero el esfuerzo vale la pena.
Otro gran reto de este proyecto de Estado de Bienestar es, poder incorporar a los servicios de salud pública al sector más grande de la población mexicana, que es el identificado como “informal” (mercados públicos, vendedores ambulantes, artesanos, indígenas, campesinos, jornaleros sin contrato, trabajadoras sexuales, personas en situación de calle, etcétera), que sobrevive sin ningún tipo de seguridad social, y que no tiene acceso alguno a servicios de salud pública ni al fondo de pensiones, y que en general, carecen de algún tipo de apoyo para solventar dignamente a su vejez.
Ojalá podamos lograr estos cambios estructurales que le urgen a nuestro México.
velagj@economia.unam.mx
