jueves, junio 25, 2026
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Familia de Edgar Clemente acusa a FGJEM de negar ayuda y desestimar pruebas para su búsqueda al desaparecer en Toluca

*Fernanda Rodríguez*

Foto: Fernanda Rodríguez

La desaparición de Edgar Clemente Romero se ha convertido en un largo camino de incertidumbre, dolor y búsqueda para su familia. El hombre, de 36 años de edad, fue visto por última vez el 22 de noviembre de 2024 en la colonia El Seminario, en el municipio de Toluca, cuando salió de su domicilio acompañado por una mujer que se presentó como abogada de una supuesta empresa de seguridad privada para la que trabajaba. Desde entonces, su paradero continúa siendo desconocido.

Piedad, madre de Edgar, recuerda con angustia el momento en que vio partir a su hijo. “Se fue con una señora que dijo ser abogada y yo no la conocía. Se llevó a mi hijo y no lo he vuelto a ver“, relata entre lágrimas. A casi dos años y ocho meses de la desaparición, asegura que la búsqueda ha recaído prácticamente en ella y en su esposo, pues acusa que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México les ha negado el apoyo necesario para localizarlo.

Según explica, las investigaciones más importantes han sido realizadas por la propia familia. “Todo lo que se ha investigado lo hemos hecho mi esposo y yo. El policía de investigación sólo nos envía a los lugares“, afirma.

Piedad sostiene que cuenta con audios de conversaciones obtenidas dentro de un penal, así como con testimonios de personas privadas de la libertad que presuntamente conocen lo ocurrido con Edgar y que incluso han realizado declaraciones por escrito. Sin embargo, denuncia que las autoridades han desestimado dichas pruebas al argumentar que los audios fueron manipulados por ella y que los testimonios carecen de validez jurídica.

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Como parte de las diligencias, el 15 de diciembre de 2025 se realizó una búsqueda que quedó inconclusa. Posteriormente, el 1 de junio de 2026, familiares y colectivos efectuaron una nueva inspección en una vivienda donde presuntamente Edgar fue visto por última vez. Durante esa búsqueda localizaron un túnel que, de acuerdo con Piedad, representaba un indicio importante, pero posteriormente la evidencia fue destruida debido a trabajos de construcción realizados por el propietario del inmueble, situación que, asegura, impidió continuar con las investigaciones.

La madre del desaparecido considera que existe protección hacia quienes pudieran estar relacionados con el caso. Afirma que existen personas recluidas que han aportado información, pero que las autoridades han rechazado integrarla a la carpeta de investigación. Edgar dejó dos hijas, actualmente de 15 y 10 años de edad. La menor, relata su abuela, mantiene la esperanza de volver a ver a su padre y cada día deja la puerta abierta esperando su regreso.

Dentro de las líneas de investigación señaladas por la familia aparece un hombre identificado como Gustavo, quien presuntamente reclutaba personas para laborar como guardias de seguridad privada. Piedad sostiene que, de acuerdo con la información obtenida, su hijo habría desaparecido luego de negarse a cumplir una supuesta orden de trabajo ilícito.

La madre también solicita que especialistas realicen peritajes a los audios que ha entregado para determinar responsabilidades y esclarecer la información que ha recibido sobre el posible destino de Edgar. Señala que algunas personas le aseguraron que el cuerpo habría sido abandonado en una zona del volcán conocida como “Aguas Calientes”, aunque insiste en que únicamente desea conocer la verdad. “Sólo quiero saber dónde dejaron a mi hijo. Yo no haré nada en contra de los responsables; sólo quiero encontrarlo”, expresa.

El sufrimiento, dice, ha transformado completamente la vida de su familia. Las celebraciones desaparecieron del hogar y sus nietas preguntan constantemente cuándo volverá su padre. “Todos los días pienso si mi hijo está bien, si ya comió, si tiene frío. Me estoy muriendo en vida. En las audiencias sólo quisiera gritarles que me digan dónde está”, lamenta.

Piedad recuerda que antes de la desaparición de Edgar existía un grupo de personas que acudía constantemente por él durante las noches para llevarlo a trabajar como supuesto guardia de seguridad privada. Entre ellos menciona a una pareja, la mujer que se presentó como abogada, un hombre en situación de calle y dos mujeres, quienes presuntamente eran cercanos a su hijo.

Semanas después de la desaparición acudió a buscar a Gustavo, quien le aseguraba que Edgar se encontraba bien y que no debía preocuparse. Incluso, durante ese tiempo, ella llevaba despensa y alimentos al domicilio con la esperanza de que su hijo regresara. Hoy cree que pudo haber permanecido privado de la libertad en ese lugar sin que nadie le informara.

En marzo de este año, la pareja y otras personas que la familia relaciona con la desaparición fueron detenidas por delitos como secuestro exprés. No obstante, Piedad denuncia que la Fiscalía se negó a iniciar una investigación específica por la desaparición de Edgar y tampoco interrogó a los detenidos para conocer su posible participación en el caso. Asimismo, asegura que la mujer identificada como Scarleth, quien presuntamente se llevó a su hijo el día de su desaparición, no forma parte de las principales líneas de investigación.

Ante la falta de resultados oficiales, Piedad decidió integrarse a un colectivo de madres buscadoras y participar en brigadas ciudadanas para intentar localizar a su hijo. Afirma que ha solicitado cateos en una vivienda de la colonia Nueva Oxtotitlán y en un predio del municipio de Zinacantepec, donde, según información obtenida durante sus propias investigaciones, podrían existir fosas clandestinas. Sin embargo, asegura que las autoridades han respondido que dichos datos sólo corresponden a rumores.

La madre también relata que antes de desaparecer, Edgar comenzó a cambiar drásticamente tras relacionarse con los propietarios de la supuesta empresa de seguridad privada. Explica que desarrolló una adicción, perdió peso, descuidó su higiene e incluso llegó a caminar descalzo y sin ropa suficiente.

Pese al miedo y a las amenazas que asegura haber recibido, Piedad afirma que no dejará de buscar a su hijo. Aunque la Fiscalía le otorgó medidas de protección, denuncia que únicamente han acudido una vez a verificar su situación. “Sí nos da miedo que nos hagan algo, pero vamos a seguir buscando. Sólo pido que me den las herramientas necesarias para encontrar a mi hijo. No entiendo cómo la Fiscalía tiene todo para investigar y no hace nada“, concluye.

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