Llegarás, justo cuando debas llegar

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Ni antes, ni después, llegarás justo cuando debas llegar.

Suelo decir a mi hijo, cuando llega a estresarse por el tiempo, cuando tiene alguna cita o actividad a la que le urge llegar; -hijo, tranquilo, vas a llegar-, él me dice -ve más rápido, no quiero llegar tarde-, a lo que yo respondo, entendiendo su afán, -ni antes, ni después; llegarás justo cuando debas llegar-.

Jesucristo decía, enseñando a sus discípulos: “Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Ya bastante tiene cada día con su propio mal.”, de manera que, la clave de todo es vivir sin afanes cada día.

Por favor, no mal interprete mi dicho, vivir sin afanes, nada tiene que ver con vivir descuidadamente, sin importarnos nada; por el contrario, justo como se lo digo a mi hijo: Ni antes, ni después; llegarás justo cuando debas llegar.

El tiempo se cumplirá de cualquier manera, la diferencia es cómo o con qué actitud avancemos ante él.

Permítame explicar mi punto, ni el hábito de ser puntuales o el valor de ser responsables justifican los afanes.

Este vocabulario, en su etimología, proviene del verbo “afanar”, aunque se compone del término árabe “fanā”, que significa agotamiento por pasión, y a su vez del latín “affannare”, de origen incierto; implícitamente conlleva tanto apuro por hacer algo, como desesperación por lograrlo o cumplirlo.

Pudiera pensarse que afán por las cosas habla de interés o cualidad, pero dista de serlo, ya que afanarse habla no tan sólo del deseo por realizar tal o cual asunto, sino que, además, infiere un camino de agobio por no lograr cumplir o hacer lo que se desea.

Ser responsable de tus actos o de tus deberes es sin duda un gran valor y si a este le agregas el hábito de ser puntual, definitivamente, quienes tengan asuntos o negocios pendientes contigo te lo van a agradecer muchísimo; sin embargo, el afán tiene que ver más bien, precisamente, con el “cómo” y definitivamente denotará, también, la condición de tu estado tanto emocional, como el equilibrio de tu vida, con respecto a tu capacidad de mantenerte estable y firme ante las situaciones de presión o estrés, e inclusive aquellas actividades que demandan de alguna forma una mayor atención.

Lo que enseñaba Jesús a sus discípulos entonces cobra un especial sentido cuando de la vida se trata.

Aprendamos a vivir con equilibrio, con dedicación, pero sin perder de vista el camino y el verdadero sentido de las cosas, de nada sirve que yo exponga mi vida y la de mi hijo por llegar pronto a un lugar; en cambio, será mejor, cuidar salir con holgura de tiempo que salir corriendo. Es mejor ser puntual en paz, que con los nervios desechos por tanto estrés.

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