¿Ganar el 2017 es ganar el 2018?
Raúl Río Valle

No, el Estado de México por sus más de 16 millones de habitantes y con sus más de 11 millones de electores es muy importante, pero de ninguna manera determinante.
Es lugar común decir que la elección de gobernador en el Estado de México es la antesala de la elección presidencial. Otros dicen que es el prólogo o la introducción al libro de la misma. Lo cual tampoco es cierto. Los resultados electorales desmienten esa hipótesis.
La primera anomalía que presenta la elección de gobernador en la entidad, es que está hecha a la medida y a la necesidad política del grupo político que controla el poder local desde 1942. Normalmente, en los últimos tres sexenios la elección de gobernador ha sido atípica.
La anomalía en la elección de gobernador es que la misma se da en solitario, dado que la elección de diputados locales y presidentes municipales se da por separado, para evitar la efervescencia que provocan normalmente los comicios municipales. Así, al eje Atlacomulco-Toluca-Metepec le ha bastado promover el abstencionismo y una baja participación electoral, en la elección de gobernador, para mantener el control del estado desde una región relativamente despoblada, pero con un grupo político compacto.
Que, además, desde el poder ejecutivo aprendió a mantener controlados al poder legislativo, al judicial y a los municipios, a partir de un apotegma que los ha hecho famosos: “En política todo lo que se pueda comprar resulta barato”.
Eso explica el por qué a pesar de que entre 1997 y 2009 el PRI gobernó a la minoría de la población en los municipios más pequeños; mientras el PAN y el PRD, en el poniente los azules y en el oriente los amarillos, gobernaron a la mayoría de la población en los municipios más grandes, los partidos opositores fueron incapaces de competir para ganar el gobierno estatal en tres ocasiones consecutivas: 1999, 2005 y 2011.
Atlacomulco los mantuvo separados y divididos a través de coptar a opositores de derecha e izquierda. Tal vez el ejemplo más claro de ello sea el grupo legislativo 2000-2003 del PAN que ganó la mayoría de los diputados locales por el efecto Fox. Ese año el PAN obtuvo 29 diputados, el PRI 25, el PRD 16, el PT 2, el PVEM 2 y DS 1.
El gobernador Arturo Montiel no quiso tener en minoría al PRI y operó para dividir a los diputados del PAN. Logró coptar a 11 de ellos que se declararon “independientes. El grupo parlamentario del PAN quedó integrado por 18 y los 25 del PRI se convirtieron en mayoría.
Historias similares hay muchas sobre líderes de “oposición”, diputados y presidentes municipales que han tenido historias similares a los 11 diputados “independientes” surgidos del PAN e integrados a la política oficial. En el Estado de México ha habido hasta hoy una oposición domesticada, hecha a modo para que el PRI mantenga su hegemonía incluso desde la minoría.
Pero regresando a las elecciones de gobernador y a la tesis de que esa elección es importante pero no determinante para la elección presidencial del año que le sigue veamos tres ejemplos significativos.
La elección de gobernador de 1999 la ganó Arturo Montiel Rojas del PRI con un millón 371 mil 564 votos y el 42.44%. José Luis Durán Reveles de la alianza PAN-PVEM en segundo lugar con un millón 146 mil 071 votos y el 35.46%. E Higinio Martínez Miranda de la alianza PRD-PT con 710 mil 500 votos en tercer lugar y el 21.99%. Un año después Vicente Fox y tras él el PAN borraba del mapa al PRI y a Montiel.
En 2005 la elección para gobernador la ganó la alianza PRI-PVEM en la persona de Enrique Peña con un millón 801 mil 530 votos y el 47.58%. Rubén Mendoza Ayala de la alianza PAN-Convergencia en segundo lugar con 936 mil 615 votos y el 24.73%. Mientras que Yeidckol Polensky de la alianza PRD-PT obtuvo el tercer lugar con 918 mil 347 votos y el 24.25%. Y un año después, en 2006, Andrés Manuel López Obrador y el PRD arrasaban al PRI y a Peña.
Y en la elección a gobernador de 2011 fue ganada por la alianza PRI-PVEM-PANAL con Eruviel Ávila Villegas como candidato con 3 millones 018 mil 588 votos y el 61.97%. Alejandro Encinas en segundo lugar por la alianza PRD-PT-Convergencia con un millón 020 mil 857 votos y el 20.96%. Y Luis Felipe Bravo Mena en tercer lugar por el PAN con 598 mil 045 votos y el 12.28%. Ahí sí, un año después la alianza PRI-PVEM-PANAL hacía ganar la elección presidencial a Enrique Peña.
De aquí se desprende claramente que quién gana el Estado de México un año antes de la elección presidencial, no necesariamente gana la elección presidencial, que lleva una lógica y dinámica diferente. Entonces, ¿Por qué hoy se insiste tanto en que quien gana el 2017 gana el 2018? Por tres sencillas razones.
Una, el impresionante impulso que va tomando la figura de AMLO y el crecimiento de MORENA, que a menos de año y medio de la elección presidencial sigue subiendo en la intención de voto y no toca techo aún. Por ello, AMLO y MORENA vienen jalando fuerte a su precandidata al gobierno del estado Delfina Gómez.
Dos, porque el PRI en caída libre en su intención de voto por el desprestigio de Peña, no pierde la esperanza de que posible triunfo en el estado, que por primera vez se observa bastante difícil, le ayude a remontar su tercer lugar en que se ubica actualmente a nivel nacional. Lo cual es difícil, por no decir imposible. Todavía los especialistas electorales no nos han dicho el cómo un partido que anda en el 11% de la intención de voto a nivel nacional puede ganar el estado con el mayor padrón electoral del país. Con esos números se ve muy difícil que el PRI gane el estado y menos que ayude al PRI nacional en su recuperación.
Tres, para el PAN y particularmente para su dirigente Ricardo Anaya, el Estado de México es parte de su estrategia para posicionarse más y mejor al interior del PAN y apuntalar su posible candidatura presidencial para el 2018. O negociar la misma con la esposa de Felipe Calderón para quedarse con la mayoría de las posiciones legislativas que se juegan en 2018. Y en la perspectiva de que él fuera el candidato, habiendo ayudado a Peña y al PRI a mantenerse en el gobierno del estado, a cambio esperaría que el PRI en tercer lugar ayudará al PAN para competir y ganar el 2018. Combinación de factores difíciles de lograr.
Entonces la elección de gobernador para las tres fuerzas principales es una cuestión no determinante para el 2018, pero sí es una cuestión de estrategia. Para el PRI mantener el gobierno del Estado con la ayuda del PAN y ganar lo más posible en 2018 desde su seguro tercer lugar.
Para el PAN apoyar al PRI en el estado en 2017 a cambio de ganar su apoyo para el 2018, pero si aun con todo no le diera al PRI la posibilidad de ganar el 2017, el PAN esperaría el apoyo del PRI para el 2017 y el 2018, para obstruir el posible arribo de MORENA al gobierno del Estado de México primero y después a la presidencia de la república.
Para MORENA ganar el Estado de México, que hoy es ya una posibilidad muy real, implicaría llegar al 2018 con mayor ímpetu y una mayor acumulación de fuerzas. De tal magnitud que ésta fuerza se podría convertir en un auténtico ciclón que pudiera arrasar a sus oponentes. Y podría tal vez obtener mayoría en muchas de las elecciones en disputa.
En cualquier caso, la importancia estratégica de la elección del Estado de México es incuestionable para 2018. Para el PRI es de vida o muerte. Para el PAN la posibilidad de apuntalarse mejor y para MORENA generar mayores garantías de triunfo y expectativas para 2018.
Y la competencia arranca con un triple empate. Puede ser un final de fotografía.
