El poder de la verdad

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

“Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado”. George Sand (1804-1876). Escritora francesa.

Dicen que la verdad nunca empobrece y debo agregar, a esta frase, que la verdad no empobrece, sino que empodera y otorga un brillo especial a quién la posee.

La verdad es siempre sencilla, por alguna razón actuamos evasivamente frente a ella, nos retiramos, buscamos caminos de fascinación y fulgor que nos alejan, sin darnos cuenta de que al final del camino la encontraremos, como aliada tal vez, si así lo permitimos, de lo contrario la verdad tan sólo mostrará su real brillo y, entonces, brillará.

Jesucristo dijo, allá en el evangelio según San Juan: “Y conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.

Centró la atención de todo en dos cosas importantísimas: La posibilidad de conocer la verdad y el efecto directo de la verdad.

Permítanme aclarar que la verdad es un valor único que esclarece toda duda, que apertura toda posibilidad, que resplandece con luz propia.

Conocer la verdad nos ubica en el lugar correcto, es decir, en el punto de partida, el conocimiento de la verdad, dicho sea de paso; da claridad a las intenciones, no admite medios términos ni actúa en contubernio, conocer la verdad empodera, fortalece e instruye la estrategia a seguir.

Cuando actuamos sujetos a la verdad, por más difícil que parezca sostenerla, nuestras acciones son congruentes, ciertas y no admiten engaño alguno.

Es posible que actuar con verdad duela, sí, pero dolerá una sola vez, sin embargo, la mentira nunca deja de doler.

Una mentira lleva a otra mentira y, esta otra, necesitará una más para mantenerse viva y no perder su congruencia, la mentira actúa en la oscuridad, se oculta tanto como puede, sus intenciones nunca se esclarecen.

La mentira y el engaño atan la vida de quién así lo permite, es un lazo que no se rompe fácilmente y por el contrario te sumerge en un estado continuo de temor y desconfianza.

Es por esto por lo que Jesús expone con tal claridad los hechos, conocer la verdad, nos hace libres, nos deja vivir en paz, encamina nuestros pasos directos a la luz, nos hace resplandecer y alumbra nuestro camino de noche y lo hace florecer por la mañana.

“Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930). Novelista escocés.

La verdad nos fortalece y su efecto es perdurable, cierto y eficaz.

A veces no vale la pena darles importancia a ciertos individuos, o circunstancias; como decía Leo Pavoni.

Callar, en ocasiones es la mejor salida, tratando de evitar una discusión vana o sin final, por ejemplo; resulta menos desgastante y con más provecho, guardar silencio y dejar que el enojo o coraje pasen, que tratar de apagar el fuego con leña.

Permítanme contarles una situación que viví hace un tiempo:

En cierta ocasión, tuve que intervenir en el momento justo que atacaban a una mujer, mientras ésta esperaba el transporte público para ir a trabajar.

Un día común y corriente transcurría mientras mi esposa y yo conversábamos en la calle, con unos amigos que, al virar en el auto a la derecha, mi esposa alcanzo a ver a lo lejos.

Mientras platicábamos con ellos, me aparte por unos instantes, entré al auto buscando algo que necesitaba darles a estas personas, cuando de pronto mi marida, con aquel tono de angustia me grito diciendo, – Aarón corre, están golpeando a esa jovencita, ayúdala –.

Miré por la ventana del auto y del otro lado de la calle, una mujer de aproximadamente 45 años, junto con su hija de apenas unos 19 años, insultaban y golpeaban a una jovencita de alrededor de 19 o 20 años.

La joven, a quién golpeaban se protegía como podía, pero al hacerlo les gritaba como tratando de ahuyentarlas, cuanta cosa se le venía a la mente en aquel terrible momento.

Crucé la avenida y de prisa me dirigí hasta donde estaban aquellas mujeres; al llegar, me sorprendió en gran manera ver la escena que se desarrollaba, la madre de esta joven la azuzaba para golpear a la otra jovencita gritándole – ¡Golpéala! ¡Golpéala! –  mientras que alrededor de ellas varias personas miraban enardecidas la pelea sin hacer absolutamente nada por separarlas.

Sin más preámbulo, sujeté a la joven que golpeaban protegiéndola con mi cuerpo, mientras con la otra mano detuve a la joven golpeadora.

La mamá de la joven golpeadora me grito diciendo: – ¡No se meta! Es entre nosotros – a lo que respondí – señora está en la calle, en plena vía pública, no, esto ya no es entre ustedes – la joven a quién yo protegía me dijo llorando – ni siquiera sé por qué me pegan, yo sólo espero mi camión para ir a trabajar –.

Al sentirse protegida quiso gritarles algo, pero yo le hice saber que, en ese momento, era mejor callar y guardar silencio para dejar que las llamas de aquel enojo se apagarán.

Efectivamente, al poco tiempo aquella mujer buscapleitos y su hija golpeadora, al ver que yo no me iba a retirar de aquel lugar y que además se estaba juntando mucha gente, opto mejor por retirarse de ahí.

Mientras mi esposa atendía a la joven golpeada, yo me dirigí con los mirones, entre ellos muchos de un sitio de taxis y les dije: – no es posible que se gocen con el dolor de los demás, en lugar de actuar con la razón y con valor – sólo ocultaron la mirada y agachando las cabezas comenzaron a retirarse.

Así es que, si esta joven hubiera continuado con los gritos, tal vez aquella pelea habría tomado un curso más intenso, pero claramente callar, era la mejor opción.

Es tan sólo un instante el que separa a la prudencia de la imprudencia, tener la capacidad de tomar las decisiones correctas, en el momento correcto, es lo que puede cambiar el curso de todo.

Permítanme añadir, además que, lo correcto, no siempre será lo que más nos guste, o nuestra primera opción.

Lo correcto es precisamente aquello que se debe hacer, sin reparar en gustos o preferencias y guardar silencio en ocasiones será precisamente eso, lo correcto.

Ahora, no se mal interprete mi dicho, guardar silencio para evitar un mal mayor, no es lo mismo que callar cuando se debe hablar, por ejemplo:

Es mejor guardar silencio cuando mi siguiente palabra será justo la que me comprometa o provoque un mal mayor, como lo vimos en el ejemplo anterior.

Pero será mejor no callar, cuando se debe defender una verdad, la integridad de alguien o alguna situación que al final resulte en detrimento de otra persona.

Hay un dicho que dice: quién calla ante una mentira, la verdad otorga de por vida. O, aquél otro por todos bien sabido que dice: el que calla, otorga.

Eso es exacto lo que ha sucedido por años en nuestra sociedad, hemos preferido callar y de esta forma, la verdad se ha visto comprometida, o cuando sabes que alguien hace lo incorrecto y decides callar en lugar de exponerlo ante los demás, callar es un gran mal y al paso del tiempo se torna en perdida de libertad.

La justicia siempre será justicia, sin importar que nuestras acciones actúen en contra de la razón.

En conclusión: Guardo silencio, cuando por evitar una situación incómoda, riesgosa o incorrecta, es necesario.

Callo, si al hacerlo, permito que la verdad sobre algún asunto quede expuesta, si al hacerlo evito el daño hacia alguien en especial, jamás por temor o por complicidad.

El rey Salomón decía: “Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas”.

No nos hagamos participes de la mentira sino de la verdad.

Si algo en esta vida he de defender es la verdad.

Es necesario actuar con determinación y buscar el consejo que otorga sabiduría.

 

 

Muchas gracias.

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