Feminicidio de Fátima es una herida que exhibe las fallas del sistema de justicia del EdoMéx
*Fernanda Rodríguez*

El feminicidio de Fátima Varinia Quintana, ocurrido hace once años en la comunidad de La Lupita Casas Viejas en el municipio de Lerma, Estado de México, permanece como una herida abierta que exhibe las deficiencias estructurales del sistema de justicia.
Lorena Gutiérrez Rangel, madre de la víctima de feminicidio, aseguró desde la Plaza González Arratia en Toluca, que a pesar del paso del tiempo, la impunidad se mantiene como el sello distintivo de las autoridades mexiquenses, quienes han fallado en garantizar una reparación integral y seguridad para los sobrevivientes.
La familia de Fátima dijo que no solo ha lidiado con la pérdida irreparable de una niña de doce años, sino que ha sido víctima de una persecución que los obligó al desplazamiento forzado, enfrentando un sistema que permite que los agresores encuentren libertad.
Tras ello, la madre de la menor, aseguró que el caso es un ejemplo crudo de cómo el Estado, en lugar de ser un refugio, se transforma en un agente de violencia institucional que perpetúa el sufrimiento de las víctimas indirectas.
En el corazón de esta resistencia, Lorena Gutiérrez Rangel, madre de Fátima, ha dedicado más de una década a transformar su dolor en una bandera de lucha incansable.
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La ahora activista sostuvo “Voy a lograr la justicia, es lo menos que puedo hacer por ella, la voy a amar hasta el último día de mi vida, espero, de verdad que en algún momento que ella y yo volvamos a estar juntas. Esta lucha es por ella y por todas esas niñas y mujeres asesinadas en este país”.
La madre de Fátima, subrayó que no solo es una promesa de amor maternal, sino un manifiesto político que señala la urgencia de un cambio profundo en una nación donde el feminicidio es una crisis constante y desatendida por el Estado que mantiene una deuda histórica con las familias de víctimas de feminicidio y desaparición.
La madre y activista de Fátima, en su memorial, denuncia una justicia tardía, un recordatorio de que una sentencia que no se ejecuta o que se revierte por fallas en los procedimientos no representa justicia real.
Añadió que mientras las instituciones continúen priorizando la burocracia sobre la dignidad humana, la lucha de las familias seguirá siendo el único contrapeso ante la negligencia, exigiendo que la memoria de Fátima sea el motor para que ninguna otra niña tenga que enfrentar un destino similar bajo el amparo de la indiferencia estatal.

