sábado, febrero 14, 2026
Opinión

Instruir a un hijo necesita más de dos chanclazos

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Quién te haya dicho que con dos chanclazos queda bien atendido tu hijo o hija, te mintió.

Te mintió porque lo que tus hijos necesitan va más allá de dos chanclazos, evidentemente no se reparten chanclazos sin antes instruir, explicar, generar aprendizaje y lo más importante sin duda alguna será, antes que cualquier otra cosa, impartir grandes dosis de amor y comprehensión.

No avanzas al paso tres sin antes pasar primero por el uno y el dos, en este caso en particular el orden de los factores si altera el resultado deseado.

Así es como debe pintarse este cuadro:

Un corazón con buenos cimientos es un corazón fuerte y nada logrará destruirlo; ¿recuerdan aquel juego de mesa llamado Jenga? Este es un juego que particularmente me gusta mucho, es un juego de temple, de visión, pero sobre todo es un juego estructural que nos enseña lo importante de construir una base con buenos cimientos para que el resto de la torre pueda sostenerse fuerte y firme, pero ¿qué sucede cuando intentamos quitar uno de los cimientos de la base? Efectivamente, toda la torre se torna endeble y al debilitarse cualquier movimiento no previsto o bien calculado la destruirá y se vendrá a bajo.

Y bueno, así es el corazón de nuestros hijos especialmente en sus etapas de niñez y adolescencia, pero no nos equivoquemos porque aún en su etapa adulta un buen abrazo un buen apretón de manos e inclusive una franca expresión de amor y orgullo será suficiente para llenar el corazón de nuestros hijas e hijas de fortaleza.

Si proveemos a nuestros hijos e hijas un corazón con buenos cimientos, entonces tendrán la fortaleza necesaria para sostener el resto de su vida.

Nuestros hijos necesitan amor en grandes dosis, pero también comprehensión y definitivamente una sana comunicación y cuando así se requiera una sabia corrección.

Permíteme aclarar que nadie nació siendo padre o madre, a ninguno de nosotros en realidad nos prepararon para serlo, esto quiere decir que aprender a ser un buen padre o una buena madre, necesita en primer lugar el deseo de serlo, reconocer con humildad la necesidad de llegar a ser un buen ejemplo de amor y sabiduría para nuestros hijos e hijas  y sobre todo reunir el amor y la fortaleza necesaria para lograr serlo.

Recuerda que “si instruyes al niño en su camino, aun cuando sea viejo no se apartará de él”.

Demuéstrale a tus hijos e hijas tu interés verdadero por ser parte de su vida, de sus inquietudes y de sus logros y cuando ellos y ellas lo perciban verdadero, jamás se apartarán de tus sabios consejos.

Ver crecer a tus hijos e hijas con bien, paga cualquier esfuerzo; recuerda tus hijos son tus hijos, es decir; no son tus cuates, no son tus cómplices, no son tus socios, son tus hijos y cada etapa de su vida te guiará y mostrará el lugar que deban ocupar de acuerdo a su desarrollo y crecimiento.

Antes que sueltes la chancla, ten claridad de tus acciones y sí; corrige cuando sea correcto hacerlo, pero nunca debe llegar la corrección sin que antes estemos seguros de haber enseñado lo necesario para que justifique o no la corrección.

Bendiciones.

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