martes, mayo 21, 2024
Opinión

Libres de todo peso

*Aarón Dávila*

Foto: Especial.

¿Se han visto en la necesidad de realizar alguna mudanza? Cambiar de domicilio, casa, departamento o tan solo de cuarto.

Es impresionante la cantidad de cosas que salen misteriosamente de los lugares más recónditos de cada habitación. De pronto en forma inverosímil, aparecen de nuevo los jeans que «al menos hasta donde recuerdas» ya habías tirado, ¿qué extraño no? 

O qué tal cuando debajo de la cama parecen guiñarte el ojo aquellas pantuflas viejas que tantas veces tu mamá ha tirado, de alguna forma milagrosa aparecieron nuevamente en tu habitación; pues aunque usted no lo crea, a si pasa cuando sucede.

Es tan sencillo cargarnos de cosas inservibles que sin percatarnos de ello, comenzamos a llenar nuestras alforjas de todo tipo de asuntos. Efectivamente, nos volvemos acumuladores, llenamos nuestra vida de satisfactores que no logran saciar el vacío de nuestro corazón y por el contrario, lo van hartando de tanto peso, que sin darnos cuenta llega el momento en que ya es tanto el peso que cargamos, que ese mismo peso nos va forzando a bajar la mirada hasta el punto donde dejamos de ver por completo delante de nosotros, dejamos de ver las cosas importantes de la vida, lo que esta delante nuestro.

Ese peso que sientes en la nuca, la molestia en el cuello que no te deja tranquilo durante el día, eso que te detiene y no te permite enderezarte correctamente, es el peso de todo lo que has arrastrado hasta el día de hoy y no has querido dejar. Todo ese peso al que fútilmente has diagnosticado como estrés o tención muscular, está anidado en tu corazón.

La soledad por ejemplo, provoca en ti una sensación de tristeza y abandono, el rencor es una parte dolor y amargura y la otra culpa no liberada. Un solo corazón no puede, no debe cargar tanto, por esta razón el rey Salomón recomendaba insistentemente guardar sobre todas las cosas que valgan la pena guardar el corazón, porque de este emana la vida.

El corazón de los seres humanos representa el alma y un corazón puede ser lleno de todo tipo de cosas: experiencias, recuerdos, anhelos, expectativas, amor, tristeza, soledad, esperanza, amargura, etcétera; pero de lo que llenes tu corazón decía Jesucristo, hablará tu boca; es decir, de lo que esté lleno tu corazón, será el reflejo de tu vida: Si de amor, de amor, si de dolor, de dolor, si de esperanza, fe, si de anhelos, renuevo. Si dejamos que nuestro corazón se llene de dolor, desesperanza, tristeza, abatimiento, soledad e infortunio, entonces, ese será el panorama central de nuestra vida.

Pero la buena noticia es que es posible ser libres, si entendemos y valoramos de lo que va cargado nuestro corazón, lograremos identificar lo que nos genera peso y no nos permite ser libres, detén tu andar y revisa si acaso hubiera algo que este guardado en lo profundo de tu corazón de lo que no te hayas librado aun, libérate del peso extra de tu vida.

Lo que no te ha servido antes o lo que no te ha generado bien alguno en tantos años, de nada sirve seguirlo guardando, es peso muerto que se convierte en lastre y te mantiene sumergido en la tristeza, no vale la pena.

¡Levántate! Bien erguido (a) sacúdete con todas tus fuerzas y permite que el amor de Dios llene cada espacio de tu vida y te permita una nueva visión de ella.

No permitas que las cosas que han permanecido almacenadas y sin valor alguno obstaculicen el buen funcionamiento de tu vida.

Que nada te robe la alegría y la posibilidad de ser verdaderamente feliz. Delante de ti siempre habrá una mano extendida, es la mano de Dios ofreciéndote esperanza, y por supuesto siempre estará tu familia, seguramente dispuesta en todo momento para apoyarte y ayudarte a libra todo ese peso que has cargado innecesariamente hasta este día.

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