miércoles, mayo 27, 2026
La Mayoría SilenciosaOpinión

Morena busca el fuero como trinchera ante la justicia exterior

Foto: Especial.

En la narrativa oficial del partido en el poder, la soberanía nacional ha dejado de ser un principio constitucional para convertirse en un escudo de impunidad. Mientras en las redes sociales y en La Mayoría Silenciosa avanza como fuego en polvo la etiqueta de “narcopartido”, la cúpula de Morena ensaya una peligrosa estrategia de dilación: ganar tiempo, fingir que investiga y, en el colmo del descaro, santificar con el fuero a quienes la justicia de Estados Unidos tiene bajo la lupa.

La mecánica de la simulación es burda pero constante. Ante los señalamientos formales del Departamento de Justicia y agencias estadounidenses que vinculan a cuadros del partido con lavado de dinero, huachicol y complicidades con el crimen organizado, la respuesta institucional no es la persecución del delito, sino la pasarela mediática.

El partido y el gobierno se han convertido en una fiscalía alternativa que “entrevista” y “limpia” las reputaciones de sus funcionarios indiciados mediante declaraciones de buena conducta, en lugar de abrir carpetas de investigación profundas que desmientan o confirmen las acusaciones, hacen tiempo, arrastran los pies y esperan a que el ruido político baje, jugando al desgaste diplomático con el vecino del norte.

No cabe duda de que en el México de hoy, la lealtad partidista y los lazos familiares cotizan más alto que la legalidad; para muestra basta un ejemplo: El caso de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán —quien recientemente dejó su cargo en la estructura interna del partido para buscar abiertamente una diputación federal de cara a los próximos procesos electorales— es la joya de la corona de esta estrategia de blindaje.

Protegido políticamente por el apellido y operativamente por la estructura del movimiento, el camino al Congreso de la Unión carece de una vocación legislativa y parece la construcción urgente de un búnker judicial. El fuero constitucional, concebido originalmente para proteger la libertad de expresión de los legisladores, se ha degradado a una póliza de seguro contra la extradición.

Pero la pregunta de fondo que Morena se niega a responder es de pura aritmética política: ¿A cuántos funcionarios puede meter el partido en las listas plurinominales o en los distritos seguros? Las bancadas del Congreso no son infinitas. La lista de gobernadores, alcaldes y legisladores bajo sospecha o con visas canceladas por Washington sigue creciendo. Convertir al Poder Legislativo en una trinchera de indiciados no solo asfixia la legitimidad de las instituciones, sino que confirma las peores sospechas que inundan la conversación digital.

Al final, retrasar la entrega de cuentas y simular investigaciones internas no desvanece los delitos; solo ensancha la brecha de desconfianza internacional y local. Morena puede seguir usando el aparato del Estado para aplaudirse a sí misma y proteger a los suyos, pero no hay curul lo suficientemente grande para esconder el elefante en la sala. Hoy La Mayoría Silenciosa ve un partido que prefiere blindar a sus sospechosos antes que limpiar su propio nombre y eso le puede pesar en las urnas al partido guinda.

La estrategia de abrazos, no balazos pasó de una manera rápida del discurso a revelar las ligas de los nuevos políticos con los grupos delictivos; es raro ver un estado donde partido y delincuencia no estén coludidos. Para ganar terreno electoral, recibieron votos y pagaron con protección, terreno para la distribución de drogas, incluso hasta posiciones en las administraciones estatales y municipales que ayudan a grupos delictivos a tener más dividendos.

Veremos si el tiempo les alcanza o Estados Unidos logra su cometido antes del 2027. ¿Qué llegará primero, el fuero o la cárcel? El tiempo lo dirá.

PT EdoMéx en la lucha por el poder

En su magnitud, el Estado de México siempre ha sido una plaza muy codiciada por los políticos del país: su capacidad electoral, su economía, sus negocios y territorio le ayudan para dar y repartir poder a todos los partidos y líderes que aquí se han asentado. Por ello, no es extraño que desde hace décadas, después de haber descubierto la mina de oro que hay en territorio mexiquense, Alberto Anaya, líder vitalicio del Partido del Trabajo, se haya querido adueñar de la plaza que en sus inicios entregó a Joaquín Vela y Oscar González Yáñez.

Después de varios intentos, el líder del PT nacional encontró un hueco para poner un delegado y pelear palmo a palmo, a riqueza estatal, a Oscar González; no se trata de candidaturas, no se trata de hacer crecer el potencial electoral del estado, se trata de llevarse los recursos económicos para su feudo, administrarlos, gastar y beneficiarse de ellos.

El triunfo no se ha consolidado; Óscar González no es un novato de la política, pero la lucha se recrudece y la pelea sube de tono, tanto en lo interior como en lo exterior. Hoy un grupo tiene la fuerza electoral, el otro tiene el membrete y el  poder de hacer candidatos. Morena necesita a los dos. Así las cosas.

Lee más noticias aquí: Diario Evolución

Visítanos en Facebook X.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *