viernes, mayo 15, 2026
La Mayoría SilenciosaOpinión

Partidos arman un circo de ataques y se olvidan del electorado

Foto: Especial.

La política mexicana vive uno de sus peores momentos: el arte de gobernar, resolver problemas y dar resultados a La Mayoría Silenciosa ha sido sustituido por el arte de litigar y denostar a sus opositores. Hemos pasado de la plaza pública al tribunal, y del debate de propuestas al intercambio de carpetas de investigación. Mientras las cúpulas partidistas se lanzan misiles jurídicos de alto calibre, el ciudadano de a pie observa el espectáculo con una mezcla de cansancio y desamparo, preguntándose en qué momento su seguridad, su salud o su bolsillo volverán a ser la prioridad.

El tablero político actual parece una partida de ajedrez donde las piezas no buscan el bienestar común, sino la eliminación mediática del adversario. Por un lado, el PAN ha escalado su ofensiva contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, llevando sus acusaciones hasta la Corte Penal Internacional en La Haya por presuntos delitos de lesa humanidad. Es un movimiento de impacto internacional, pero que poco resuelve el miedo cotidiano de quienes viven en el noroeste del país.

Simultáneamente, el partido blanquiazul mantiene el dedo en el renglón contra Morena, denunciando el uso de consulados en el extranjero como brazos de propaganda. La queja es legítima en términos de equidad electoral, pero se siente distante para el mexicano que espera horas en una clínica o para el que ve cómo el precio de la canasta básica no deja de subir.

Del otro lado, la maquinaria oficialista no se queda atrás. La reciente embestida de Morena contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, es el ejemplo perfecto de la política de espejo. Al acusarla de permitir la intervención de la CIA en el desmantelamiento de laboratorios de droga, el oficialismo intenta facturar una “traición a la patria”. Lo irónico es que, mientras se discute la soberanía frente a agentes extranjeros, las familias en las zonas serranas se desplazan de sus zonas de origen o son atrapadas en el fuego cruzado de los grupos locales.

Los ataques solo responden a las acusaciones mediáticas que se hace un partido contra otro, las acusaciones se hacen de una manera superficial y en otros casos, se pide pruebas excesivas para documentar algo que es evidente, como el caso de Acapulco, Guerrero y el desvió de recursos para fines desconocidos, la riqueza inexplicable de varios funcionarios y gobernantes de Morena, donde sus joyas, ropa, fiestas, y vacaciones no necesitan ser cotejadas con sus ingresos; la participación de la familia del expresidente, Andrés Manuel López Obrador en negocios de huachicol.

Los escándalos semanales consumen día con día la agenda pública: la educación, la seguridad, el empleo y la salud duermen el sueño de los justos. No hay discusiones de alto nivel, no hay reflexión ni foros para resolver o avanzar en estos problemas.

La política en México se ha vuelto un juego de suma cero: para que yo gane, tú tienes que ser destruido. En esta dinámica, el político se convierte en fiscal y el gobernante en activista. Sin embargo, los problemas de México —la violencia desbordada, la crisis hídrica y el estancamiento económico— no se resuelven en La Haya, ni con marchas por la soberanía, ni con denuncias ante el INE.

Mientras los partidos siguen más preocupados por el “quién es quién” en las denuncias que por el “qué hacer” con las necesidades del pueblo, la democracia mexicana seguirá siendo un escenario brillante, pero profundamente vacío. El ciudadano no necesita más gladiadores en el coliseo de la difamación; necesita servidores públicos que, por una vez, dejen de mirarse al espejo del rencor y comiencen a mirar hacia la calle.

Toluca exprime los bolsillos de propios y extraños

Para el presidente municipal de Toluca, Ricardo Moreno Bastida, no hay distinciones; le da igual exprimir el bolsillo de sus amigos o de La Mayoría Silenciosa en conjunto; sin embargo, estos recursos no se han traducido en buenos resultados; los problemas en los pueblos y colonias siguen igual o peor que antes.

Uno de los puntos clave ha sido la restricción que el presidente municipal hace sobre el consumo de agua; ha bajado la presión para que los habitantes tengan lo mínimo indispensable para su consumo, sin importar que el agua es un derecho humano. En sus acciones para someter a quienes no están al corriente en sus pagos, Ricardo Moreno afecta a miles de personas que sí cumplen.

Los ataques no paran contra el ciudadano común; en días pasados, el ayuntamiento de Toluca también cortó el suministro al DIFEM, hasta obligarlos a firmar un convenio en el cual se comprometían a pagar 6 años de atraso. La presión usada por el presidente municipal es la misma que utiliza en las colonias más necesitadas de Toluca; lo malo es que estos habitantes no cuentan con la mediación del secretario general de Gobierno, Horacio Duarte, quien intervino para que el DIFEM arreglara su problema.

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