Tres ingredientes para ser felices

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Nuestro primer ingrediente: Amor.

En momentos como el que estamos viviendo, de intranquilidad por tantas y tantas malas noticias que recibimos, es fácil perder el rumbo, sentirse desorientado e inclusive, atemorizados.

Cada mala noticia que escuchamos o leemos nos alerta en cuanto a la calidad de sociedad en la que nos estamos convirtiendo. Desgraciadamente, descubrimos que poco a poco nos volvemos una sociedad de antivalores; sin culpa, sin conciencia del mal, que se goza de la injusticia y desprecia la verdad.

La pregunta ahora es: ¿Realmente es esto en lo que deseamos convertirnos? ¿Una sociedad incapaz de notar el dolor ajeno, o de actuar con empatía y sobre todo, amor propio y hacía los demás? Personalmente creo y espero que no.

Pero recuerdan aquel dicho que dice: “Una manzana podrida es capaz de echar a perder a las demás.”. Esto nos deja en una posición determinante como sociedad, o cortamos de raíz el mal que nos aqueja o nos sentamos todos a esperar nuestro fin como sociedad libre, que tiene la capacidad de elegir su rumbo.

Jesucristo dijo: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no se las doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”.

La incertidumbre y la falta de noción real acerca de los eventos próximos futuros, provoca en cada uno de nosotros desconcierto e inclusive temor, de donde entonces el descontrol, nos hace presa y subyuga la tranquilidad de nuestras vidas. 

Pero la verdadera paz nos permite ver con esperanza hacia delante, desear ser mejores, contener el mal y buscar el bien común; dejar que el amor verdadero recobre su lugar en nuestras vidas.

Es por esto, por lo que me permito insistir en la importancia de actuar con amor, pero no con el amor carnal que celebramos cada año en febrero, sino aquel amor ágape, verdadero, capaz de entregarlo todo, de tomar el lugar del otro, de llorar con quien llora y reír con quien ríe. Ese amor que nos hace volver el rostro y ver la necesidad de los demás y desear cuidarnos unos a los otros.

¿Es posible vivir ese tipo de amor? Por supuesto que sí; hablamos del amor de una madre, del sacrificio de un padre por sus hijos, de un hermano que llora al ver a su propio hermano tropezar y sufrir, el amor de una persona que se alegra cuando a algún amigo o amiga, le va bien en su camino, ese amor de Jesucristo, por quien le busca de corazón.

Ahora bien, hablemos de estabilidad emocional, nuestro segundo ingrediente: 

La estabilidad emocional se asocia a personas que tienen un gran control de sí mismos, donde demuestran disciplina, paciencia, tolerancia, perseverancia, etc. 

Ante las situaciones estresantes o difíciles de la vida reaccionan de manera positiva. No se vencen ante los obstáculos y son capaces de mantener una buena actitud. 

Lograr la estabilidad emocional en tu vida es el camino a la plenitud y vivir plenamente, es el verdadero éxito de los seres humanos.

La estabilidad denota equilibrio nos permite caminar con tranquila calma, ceder a los encantos de la armonía y verdadera felicidad. Una vida estable se nota, representa el esfuerzo y el cariño profundo a cada uno de nuestros sueños, la posibilidad de elevar la mirada y disfrutar el brillo de un día apacible.

Nuestro tercer ingrediente para ser felices: la paz: 

La paz es uno de los derechos fundamentales de los seres humanos, no precisamente el más buscado, por más increíble que esto resulte.

Afortunadamente y gracias a Dios, tenemos resiliencia, que es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. 

En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.

Sin paz, es imposible vivir, no nos descuidemos, los afanes de la vida secuestran nuestros sentidos.

Nuestros más puros anhelos, perdemos poco a poco la capacidad de disfrutar las cosas esenciales, los mejores aromas, los más ricos sabores. Jesucristo dijo: La paz les dejo, mi paz les doy, no como el mundo la da…

Es por esto que, resulta particularmente importante y significativo revisar el estado general de nuestra vida, de nuestro corazón y descubrir ¿qué es lo que realmente sacia nuestra vida de bien?

Es tan sencillo cometer el error de colmar nuestra vida de satisfactores, sin darnos cuenta que necesitamos saciarla de bien. La paz es uno de los más grandes bienes que podemos anhelar, sin ella es imposible vivir, es imposible construir una vida verdadera.

Amor, estabilidad y paz, tres ingredientes para ser realmente felices.

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