Civilidad a cuesta

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Prácticamente todas las personas vivimos en grupo. Es decir, formamos parte de comunidades e interactuamos con nuestros semejantes. Ya sea que habitemos en una gran ciudad o en un pequeño pueblo, somos parte de la sociedad. A esto se le conoce como espíritu gregario.

El espíritu gregario tiene muchas ventajas. Al vivir juntas las personas nos ayudamos mutuamente, nos hacemos compañía, conversamos, trabajamos, nos divertimos y podemos hacer cosas que no podríamos hacer si estuviéramos solas.

Desafortunadamente, vivir en sociedad, no es para nada una tarea sencilla, ya que, las relaciones entre los seres humanos en ocasiones se tornan complicadas, constantemente surgen malentendidos y personas que pretenden pasar por encima de los más débiles o necesitados, sin consideración alguna, perturbando así, la vida de los demás. Detractores del bien común, corruptos e intransigentes.

La civilidad es el valor que nos ayuda a que las relaciones entre las personas sean más tranquilas y llevaderas. Pacíficas, armónicas y equilibradas.

Este es un valor que nos invita a ser parte de un proyecto mayor llamado sociedad, a caminar juntos impulsados por el solo deseo de salir avante en el acontecer diario. 

No es una tarea fácil y nadie dijo que lo sería, es por esto, por lo que la participación de cada individuo en una comunidad es importante y sin lugar a duda, generadora de posibilidades. 

Vale la pena luchar por este gran valor, con el pie a cuesta y sin importar el temporal que se presente. 

Somos parte de una comunidad que refleja en sí misma, tonos diversos de alegría, de cambio, crisis, autonomía, posibilidad y sintonía.

La civilidad es la posibilidad de actuar de manera comprometida en favor de los demás, brindar apoyo y fortaleza, ese gesto de respeto y empatía hacía la vida y problemas de los que nos rodean.

Muchas gracias, buenas tardes, después de usted, por favor y todas estas actitudes que poco a poco hemos olvidado o dejado en desuso. 

Retomemos estos principios que nos ayudarán a liberar la tensión, que nuestra sociedad y nuestras familias viven en la actualidad, principios de paz, sazonados con amor y con gracia.

La civilidad permite eliminar la tensión que existe, en las diferencias de la sociedad y los diversos grupos a los que pertenecemos. Es un reconocimiento tolerante y generoso, de nuestro apego al orden social y de la responsabilidad común que tenemos, con respecto a éste, sin importar nuestra diversidad.
—Lloyd Fallers

La civilidad es más alta cuando nuestro sentido moral es más profundo.
—Ralph Waldo Emerson

 “Nuestro amor debe ser sincero. Aborrezcamos lo malo y sigamos lo bueno. Amémonos unos a otros con amor fraternal; respetemos y mostremos deferencia hacia los demás. Si algo demanda diligencia, no seamos perezosos; sirvamos al Señor con espíritu ferviente. Gocémonos en la esperanza, soportemos el sufrimiento, seamos constantes en la oración. Ayudemos a los hermanos necesitados. Practiquemos la hospitalidad”.

Saulo de Tarso.

Aprender a vivir y ser parte del esfuerzo colectivo, no vivir como si no necesitáramos de nadie más. Amar, compartir, conceder, grandes acciones para formar una sociedad de paz.

Recordemos lo que el profeta Jeremías dijo al pueblo de Israel: “Procuren la paz para la ciudad a la que han sido enviados y así tendrán paz para ustedes mismos” (paráfrasis).

Si procuramos la paz para nuestra sociedad, nuestro entorno entonces, tendrá paz.

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