martes, mayo 21, 2024
Opinión

Controlando la desilusión

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

─Comienzas a enfocarte en lo que falta y no en lo que has recorrido. ─

Nehemías, copero del rey egipcio Artajerjes, solicita al rey ir a Judá a reconstruir.

El pueblo de Judá, está emocionado, totalmente contagiado por el amor y la pasión de Nehemías, reparten las labores de reconstrucción y ponen manos a la obra con gran dedicación.

Pero en cierto momento vemos a este mismo pueblo desanimándose y entrando en confusión cuando escucharon que había planes para atacarlos.

Comenzaron a quejarse por el cansancio, vieron entonces todo lo que les faltaba por hacer y por tener.

Algo similar pasa cuando corres un maratón, los primeros kilómetros estás entusiasmado porque acabas de iniciar, estás fresco, tienes la meta muy clara; pero conforme los kilómetros avanzan y comienzas a fatigarte, ves que apenas vas por la mitad, la meta de repente ya no es tan clara; comienzas a enfocarte en lo que falta y no en lo que has recorrido.

¿Te has cansado de perseguir alguna meta? ¿Has querido renunciar a un sueño?

Esta fatiga es natural en nuestra humanidad, y solamente Dios puede darte una fe que persevera hasta el fin.

La fe se define como la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

Certeza es una clara visión de las cosas a pesar de la duda, del abrupto camino o el inclemente tiempo, es una visión clara que permite ver más allá de la bruma.

Es tan fácil perder el rumbo, delante de nosotros siempre existirá un “no” por descontado, pero he aquí el meollo del asunto, la desilusión llega cuando dejamos de ver por una parte el propósito original que nos hizo dar el primer paso y en segundo lugar cuando olvidamos lo poco o lo mucho que ya avanzamos, los pasos que ya se caminaron, ya se caminaron, nada ni nadie los podrá borrar, se volverán experiencia de vida y contaremos con ellos cada vez que así lo necesitemos.

Repentinamente las cosas parecen no alinearse para seguir, pero no pasa nada, simplemente detente, respira profundo y retoma el primer esfuerzo.

La fe, no supone milagros, su labor es darnos la certeza necesaria para llegar hasta donde debamos llegar, nos da la convicción necesaria para aislar y apartar de nosotros las imposibilidades, la fe nace de la prueba.

Creer en Dios nos da promesas, confiar en Él nos da victorias.

No permitamos que la desilusión haga presa de nosotros, por el contrario, entendamos nuestra vida, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo como acción de cambio, de verdad y de posibilidad infinita. Si Dios con nosotros ¿quién contra nosotros?

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