Guarda silencio por prudencia; calla en consecuencia

*Aarón Dávila*

A veces no vale la pena darles importancia a ciertos individuos, o circunstancias; como decía Leo Pavoni.

Callar, en ocasiones es la mejor salida, tratando de evitar una discusión vana o sin final, por ejemplo; resulta menos desgastante y con más provecho, guardar silencio y dejar que el enojo o coraje pasen, que tratar de apagar el fuego con leña.

En cierta ocasión, tuve que intervenir en el momento justo que atacaban a una mujer, mientras esta, esperaba el transporte público para ir a trabajar.

Un día común y corriente transcurría mientras mi esposa y yo, conversábamos en la calle con unos amigos que, al virar en el auto a la derecha, mi esposa alcanzo a ver a lo lejos.

Entre al auto buscando algo que necesitaba darles a estas personas, cuando de pronto mi marida, con aquel tono de angustia me grito diciendo, –  Aarón corre, están golpeando a esa jovencita, ayúdala –

Miré por la ventana del auto y del otro lado de la calle, una mujer de aproximadamente 45 años, junto con su hija de apenas unos 19 años, insultaban y golpeaban a una jovencita de alrededor de 19 o 20 años.

La joven, a quién golpeaban se protegía como podía, pero al hacerlo les gritaba como tratando de ahuyentarlas, insultos y cuanta cosa se le venía a la mente en aquel terrible momento.

Crucé la avenida y de prisa me dirigí hasta donde estaban aquellas mujeres; al llegar, me sorprendió en gran manera ver la escena que se desarrollaba, la madre de esta joven la azuzaba para golpear a la otra jovencita gritándole – ¡golpéala! ¡Golpéala! –  mientras que alrededor de ellas varias personas miraban enardecidas la pelea sin hacer absolutamente nada por separarlas.

Sin más preámbulo, sujeté a la joven que golpeaban protegiéndola con mi cuerpo, mientras con la otra mano detuve a la joven golpeadora.

La mamá de la joven golpeadora me grito diciendo: – ¡No se meta! Es entre nosotros –  a lo que respondí – señora está en la calle, en plena vía pública, no, esto ya no es entre ustedes – la joven a quién yo protegía me dijo llorando – ni siquiera sé por qué me pegan, yo solo espero mi camión para ir a trabajar –.

Al sentirse protegida quiso gritarles algo, pero yo le hice saber que, en ese momento era mejor callar y guardar silencio para dejar que las llamas de aquel enojo se apagarán.

Efectivamente, al poco tiempo aquella mujer buscapleitos y su hija golpeadora, al ver que yo no me iba a retirar de aquel lugar y que además se estaba juntando mucha gente, opto mejor por retirarse de ahí.

Mientras mi esposa atendía a la joven golpeada, yo me dirigí con los mirones, entre ellos muchos de un sitio de taxis y les dije: – no es posible que se gocen con el dolor de los demás, en lugar de actuar con la razón y con valor – sólo ocultaron la mirada y agachando las cabezas comenzaron a retirarse.

Así es que, si esta joven hubiera continuado con los gritos, tal vez aquella pelea habría tomado un curso más intenso, pero claramente callar, era la mejor opción.

Es tan sólo un instante el que separa a la prudencia de la imprudencia, tener la capacidad de tomar las decisiones correctas, en el momento correcto, es lo que puede cambiar el curso de todo. Permítanme añadir además que, lo correcto, no siempre será lo que más nos guste, o nuestra primera opción.

Lo correcto es precisamente aquello que se debe hacer, sin reparar en gustos o preferencias y guardar silencio en ocasiones será precisamente eso, lo correcto.

Ahora, no se mal interprete mi dicho, guardar silencio para evitar un mal mayor, no es lo mismo que callar cuando se debe hablar, por ejemplo: es mejor guardar silencio cuando mi siguiente palabra será justo la que me comprometa o provoque un mal mayor, como lo vimos en el ejemplo anterior, pero será mejor no callar, cuando se debe defender una verdad, la integridad de alguien o alguna situación que al final resulte en detrimento de otra persona.

Hay un dicho que dice: quién calla ante una mentira, la verdad otorga de por vida.

O, aquél otro por todos bien sabido que dice: el que calla, otorga.

Eso es exacto lo que ha sucedido por años en nuestra sociedad, hemos preferido callar y de esta forma, la verdad se ha visto comprometida, o cuando sabes que alguien hace lo incorrecto y decides callar en lugar de exponerlo ante los demás, callar es un gran mal y al paso del tiempo se torna en perdida de libertad

En conclusión: Guardo silencio, cuando por evitar una situación incómoda, riesgosa o incorrecta, es necesario. Callo, si al hacerlo, permito que la verdad sobre algún asunto queda expuesta, si al hacerlo evito el daño hacia alguien en especial, jamás por temor o por complicidad.

El rey Salomón decía: “Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas”.

No nos hagamos nunca participes de la mentira sino de la verdad.

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