Vivir… no sólo por vivir

*Aarón Dávila*

Foto Ilustrativa.

“Y así, tenía una caja de hierro, toda agujerada como salvadera, abríala y metía un pedazo de tocino en ella que la llenase y tornábala a cerrar y metíala colgando de un cordel en la olla, para que la diese algún zumo por los agujeros y quedase para otro día el tocino. Parecióle después que en esto se gastaba mucho, y dio en sólo asomar el tocino a la olla. Dábase la olla por entendida del tocino y nosotros comíamos algunas sospechas de pernil.”

Pablos, nacido en Segovia, de padres de mal vivir, hace muy buenas amigas con su condiscípulo Diego Coronel, hijo de padres nobles y acaudalados; se pone a su servicio y ambos entran como pupilos del licenciado Cabra, que los mata de hambre con su increíble tacañería.

Amo y criado son retirados en los puros huesos y, ya repuestos, se trasladan a Alcalá para proseguir sus estudios; los estudiantes hacen pagar el noviciado a Pablos jugándole una cochinísima broma, pero después se convierte en héroe de algunas travesuras muy divertidas.

Un tío de Pablos, el verdugo de Segovia, le envía una carta en la que cuenta como ahorcó al padre de Pícaro, al tiempo que le invita a recoger la herencia del finado. Se separa de Diego Coronel y se dirige a Segovia.

En el trayecto, se encuentra con unos tipos extravagantes: un arbitrista (inventor de proyectos descabellados), que pretende convencerlo de que puede secar el mar con esponjas, un esgrimidor, un mal poeta, autor de cincuenta octavas a cada una de las once mil vírgenes, etc.

Cobra tres cientos ducados que le había dejado su padre y se encamina a Madrid; aquí entra en una cofradía de pícaros, pero muy pronto da con sus huesos en la cárcel, de la que sale sobornando al alguacil. Después de una serie de aventuras, marcha a Toledo, donde se hace autor y también actor de comedias.

En Sevilla oficia de matón, mas como la justicia le sigue los pasos, decide embarcarse para las indias; aquí le fue peor, “pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”. Resumen de la obra literaria historia de la vida del buscón, llamado don Pablos. -Francisco de Quevedo-

¡Vaya pue!, dijera el compadre Manuel, cualquier parecido es mera coincidencia.

¿Cuántas veces habremos tropezado con la misma piedra?, por lo regular, al tropezar con ella, lo que hacemos es tomarla y arrojarla hacía otro lugar, si es que no sólo la pateamos, pero lo que nunca hacemos es recogerla y llevarla a donde nadie más tropiece o a donde nunca más tropecemos nosotros mismos con ella.

Y bueno, esa es la naturaleza humana, nos cuesta tanto reconocer nuestros errores; es decir, si no encontramos algo en el lugar donde estamos, cuando lo buscamos, es mejor limpiar bien ese lugar, para estar seguro de que no está ahí lo que buscamos; probablemente encontremos no sólo lo que buscábamos en ese momento, sino además lo que buscamos los días anteriores.

Si tan sólo cambiamos de lugar, como solía hacer Pablos en la historia que resumimos con antelación, pero no cambiamos nuestras malas costumbres, los malos hábitos, que sin darnos cuenta nos van definiendo como personas, nos dejarán expuestos al tropezadero; es decir, cuidemos que la libertad que gozamos para vivir nuestras vidas no se convierta en libertinaje y dañemos a quienes están a nuestro lado, en consecuencia, de nuestros actos.

“Pero mirad que esta libertad vuestra no sea tropezadero a los que son débiles.” El libertinaje no es tan sólo el abuso o el exceso de las prácticas de libertad, sino la constante latencia del mismo error y de la misma falla.

La insistencia del mal destruye el brillo de nuestras vidas, nos hace vivir por vivir, sin buenos frutos, sin justicia, sin caudal. Vivir, ¡pero, no solo por vivir!

La vida es tan bella, y tan basta de buenos caminos, que vale la pena adentrarse a tantos como podamos, dejar pasar los errores cometidos, despojarnos del peso de la culpa, apartarnos del árbol que no ha dado buen fruto.

De la riqueza de la vida, de todas las cosas hermosas de esta, llenemos nuestra alforja y busquemos con deseos renovados la transformación de nuestro entendimiento.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.”, lo que significa cambiar a una vida completa y llena de propósito.

No nos conformemos con enseñar a la olla el tocino.

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