Eduardo Cruz, trabajador universitario, combina tareas de mantenimiento y su formación como bibliotecario

Foto: Especial.

“Nací en el municipio de San Pedro Mártir Yucuxaco, en el Distrito de Tlaxiaco, Oaxaca. Soy mixteco, igual que la actriz Yalitza Aparicio y la cantante Lila Downs”, dice con orgullo Don Lalo, mientras sale del Edificio “A” y camina por los pasillos que conectan las instalaciones del Centro Universitario Valle de México de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).

Con paso firme, evitando algunos grillos de los miles que en esta temporada del año brincan de un lado a otro, plagando la abundante vegetación de este campus universitario, Eduardo Cruz Gutiérrez habló de su primer encuentro con la UAEMéx.

El brillo en sus ojos permite adivinar la facilidad con la que rememora momentos y nombres del pasado. “Vivo cerca de aquí. Con mi esposa y unos vecinos veníamos por tierra para las plantas, por nopales y verdolagas que se daban en la zona. En una de esas ocasiones estaban unos señores trazando unas líneas con cal. Se veía que iba a ser una construcción, pero yo no sabía de qué se trataba”. 

A lo largo de la entrevista, en su andar se topó con un integrante de la cuadrilla de jardineros de este organismo académico, quien al apreciar su vestimenta formal le preguntó: ¿Por qué tan “trajiado”, Lalo?  

-Me van a tomar unas fotos, les dijo, y afable, se despidió de ellos. 

“Tenía casi dos años sin chamba formal, así que me acerqué a pedir trabajo y ocho días después, un lunes, regresé y empecé a trabajar como peón de albañil, continuó. Fue así como llegué a este lugar, que ahora considero que es mi casa”. 

Ya trabajando en la construcción del primer edificio, conocí a un arquitecto que venía de Obra Universitaria, y en alguna ocasión, él me preguntó si quería trabajar en la Universidad y fue así como empecé a laborar en el Centro Universitario UAEM Valle de México, contó Don Lalo, mientras levantaba la voz para hacerse escuchar por sobre el ruido del motor de una avioneta que en esos momentos despegaba del aeropuerto cercano. 

“Mis actividades eran de encargado de mantenimiento, es decir, limpieza, jardinería, plomería, cargar muebles cuando había algún evento, acarrear sillas”. 

Aquí es el Auditorio “Libro Abierto”, dijo al arribar a un enorme y moderno edificio, y preguntó a uno de sus compañeros del campus que hacía trabajos de limpieza si podía pasar. 

  • Sí, Lalo, pásale. 
  • Me van a hacer una entrevista. 
  • Qué bueno. ¿Quieren que les quite la música? 
  • Por favor.  
  • ¿Cuánto van a tardar? Regreso cuando terminen. 
  • 20 minutos 
  • Está bien. Regreso. 

La cumbia que escuchaba el compañero universitario se cortó de tajo y dejó en silencio el enorme vestíbulo del auditorio.  

Mientras el camarógrafo le colocaba el micrófono bajo la solapa del saco y el fotógrafo instalaba sus luces, Lalo refiere que sus padres migraron a la Ciudad de México cuando él era un niño y al casarse se mudó a Atizapán de Zaragoza, Estado de México. 

Sentado ya frente a la cámara, nervioso y serio, con las manos entrelazadas, Don Lalo inició el relato de una historia emotiva, inspiradora.  

Soy Eduardo Cruz Gutiérrez. Tengo 61 años y el 16 de enero de 2018, a los 58 años de edad, me titulé con mención honorífica como Licenciado en Bibliotecología y Estudios de la Información por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. 

Don Lalo, trabaja en el Centro Universitario UAEM Valle de México desde hace 25 años, desde su fundación el 17 de septiembre de 1996, y comenzó a tener contacto con la biblioteca, en el año 2001, cuando operaron al primer bibliotecario del cmpus y le pidieron que lo supliera por un tiempo. 

“En el año 2012 decidí estudiar la licenciatura. Estaban por jubilarse dos compañeros y yo quería ocupar una plaza de bibliotecario. Entonces dije, una es quedarme viendo y que pase el tiempo y no pase de la plaza que tengo de mantenimiento y la otra es cumplir un pendiente que tengo en mi vida, que era tener una licenciatura”. 

Ya más relajado, Don Lalo hizo una pausa para secar su frente con un pañuelo desechable. “Disculpen, es la primera vez que hago esto”.    

Al inicio, continuó, fue muy pesado. Combinar el trabajo con la escuela, a estas alturas de mi vida, no fue fácil. Hoy tengo 16 años trabajando en la biblioteca y durante la pandemia me comisionaron para hacer difusión de la biblioteca digital. Contar con estudios en el área me ha permitido apoyar un poco más a los alumnos. “Espero que tengan buenas referencias de mí. Siempre quiero apoyarlos. Hay que ser empáticos”. 

Tras una breve pausa Don Lalo reanudó su relato. 

Cuando empecé a trabajar en la entonces Unidad Académica Profesional Valle de México eran muy pocos alumnos, alrededor de 850, pocos maestros y poco personal administrativo. Ahora la matrícula es de más de cuatro mil alumnos, son más de 200 maestros y también ha crecido el personal administrativo. 

Me da gusto ser parte de este crecimiento que el hoy Centro Universitario registra, porque estoy involucrado con él. Mi desarrollo personal, laboral y profesional ha ido de la mano. Vi las primeras líneas pintadas de cal, cómo se desplantó el primer edificio y ser testigo de su desarrollo a lo largo de 25 años es muy satisfactorio, porque yo también soy parte de ese crecimiento. 

En la Biblioteca “Justo Sierra” del Centro Universitario UAEM Valle de México, donde algunos compañeros realizaban tareas de limpieza, luego de algunas fotos y con la vitalidad que le infunden los libros reflejada en los ojos, Eduardo Cruz Gutiérrez se despidió para continuar su jornada laboral. Por las mañanas sigue realizando tareas de mantenimiento y por la tarde se integra a las actividades de la biblioteca de este campus de la máxima casa de estudios mexiquense. 

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