Mi destino

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

El destino, es el camino por transitar, el lugar por llegar, la meta por alcanzar. Hablar del destino es esperanza, expectativas y posibilidades.

Se conoce como destino, la fuerza sobrenatural que actúa sobre los seres humanos y los sucesos que éstos enfrentan a lo largo de su vida.

En el ámbito de lo terreno o de lo humano, el destino puede ser considerado como suerte, inclusive fatal o final. En lo personal, considero el destino, como una posibilidad, permítame explicar mi punto,

Si yo caminará todos los días al salir de mi casa con los ojos vendados, conociendo hacia donde debo dirigirme, pero sin poder ver realmente por donde llevar mis pasos, probablemente mi destino se resolvería rápidamente, al topar con el primer obstáculo, claramente mi primer obstáculo puede inclusive ser fatal en este caso, mi camino estaría sujeto de hecho a la suerte, ya que, mi primer obstáculo puede ser una pared o el frente de un auto en movimiento.

Es decir, si yo pensará que mi destino depende de la suerte o de la rotación de la tierra, pienso que jamás saldría de casa. 

Me gusta más pensar que mi destino está ligado por una parte a la determinación de mis acciones y por la otra al cumplimiento del pacto divino entre Dios y su creación.

Mire usted, permítame compartirle lo que al respecto nos enseñaron los grandes hombres y mujeres de la historia de la humanidad.

Mahatma Gandhi, por ejemplo, decía que nosotros somos los dueños de nuestro destino.

“Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino.”.

Aristóteles por su parte, presenta entre otros asuntos, en sus escritos a Nicómaco, la claridad al respecto de la forma en que los sucesos de la vida, influyen en mayor o menor grado en el desenlace de nuestro propio destino. Moral a Nicómaco · libro primero, capítulo IX.

“Sostener que la suerte de nuestros hijos y de nuestros amigos no pueda influir ni poco ni mucho en nuestra felicidad, es una teoría excesivamente austera, y que además tiene el inconveniente de ser contraria a las opiniones recibidas.”.

NUESTRO ETERNO DESTINO

Todos tenemos la posibilidad de ir al cielo.

La Madre Teresa de Calcuta escribió un día estas palabras en el depósito de cadáveres de la Casa de Moribundos de Calcuta: 

“Cualquier persona tiene la posibilidad de ir al cielo. El Cielo es nuestra casa.”.

La gente me pregunta sobre la muerte, si la espero con ilusión, y yo respondo; claro que sí, porque iré a mi casa. Morir no es el fin, es solo el principio. Este es el sentido de la vida eterna: es donde nuestra alma va hacia Dios, a estar en presencia de Dios, a ver a Dios, a hablar con Dios, a seguir amándole, con un amor más grande.

Ahora bien, el profeta Jeremías, dejando es cuchar la voz de Dios al pueblo de Israel, presentaba la noción por una parte, de la intervención de Dios en el destino de los seres humanos, pero también, el ejercicio del libre albedrio al reconocer la capacidad que Dios mismo da a los seres humanos, de aportar con sus acciones diarias, trazos al plano original de Dios.

“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”.

Y hablando del plan original de Dios Jeremías hablo diciendo: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” –declara el SEÑOR– “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.”.

Pablo el apóstol hablando a los gálatas decía que todo lo que el hombre sembraré eso también segará, es decir no hay sorpresa ni engaño, Dios pre determino un destino para la humanidad, un destino de bien, de paz, de amor, pero lo que Pablo

decía es claro, segamos lo que sembramos, no hay truco, si sembramos verdad, segamos verdad, si sembramos amor y paz, eso también segaremos, pero, si sembramos destrucción, desamor, desigualdad, mentira, corrupción y engaño, eso tal cual segaremos.

“Porque a los que de antemano conoció, también {los} predestinó {a ser} hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos…”

La idea es clara y lo dejo a su consideración, un plan original, plantea el destino de la humanidad, el plan refiere la voluntad de Dios de un mundo hermoso del cual los seres humanos nos enseñoreemos, una vida de paz, de amor, de amistad y buena voluntad, pero finalmente, nosotros determinaremos si nos adherimos al plan original o si con nuestras acciones diarias encaminamos nuestro destino final a la oscuridad total.

Permítanme terminar con algo que tuve la oportunidad de escribir unos años atrás.

MI DESTINO
Aarón Dávila Payán.

Encaro con cuidado mi destino,
el objetivo de mi vida es claro,
llegar a buen puerto, encontrarme
con la gente correcta, los que han
decidido cambiar y dar paso libre
a la conciencia.

Se percibe un viaje largo,
probablemente lleno de emociones.
Allá, a lo lejos, el horizonte cuestiona
motivos, repliega el viento su manto,
el plan de viaje se ha dicho.

En el trayecto, se van trazando intenciones,
la barca desliza suavemente la quilla,
como aquietando las aguas.
Mas el mar inquieto repentinamente
decide romper la calma.

Menuda charada nos juega el viento
y la mar muy de mañana, como
queriendo gobernar nuestro destino.

Todos en la barca enmudecen,
tal vez sea momento de tomar decisiones.

-Cambiemos el rumbo, lleguemos a otro puerto-, dicen algunos;
otros, ya trepados en las lanchas se preparan para abandonar la barca;
“tal vez nos equivocamos y éste no era
el rumbo correcto.”, dicen entre sí.

Escucho atento cada voz y lo que dicen.
En silencio, mientras muchos me piden que abandone la barca, alzo mis ojos y a lo lejos, más allá de la tormenta, vislumbro, una luz pequeña pero constante.

¡Ese es! Es mi puerto, grito con fuerza.
Si pasamos la tormenta llegaré a mi destino.
No serás, tormenta, quien decidas mi camino, ni las muchas aguas, ni la confusión.

Mi destino fue trazado y a buen puerto llegaré. Al llegar, alzaré mi voz, y con fuerza
he de llamar a la virtud y a la conciencia, valores verdaderos, sin mentiras ni fronteras.

Mi destino fue trazado, es buen tiempo para un cambio.

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