No es una moda

*Eréndira Zavala*

Foto: Ilustrativa.

La violencia hacia la mujer no es tema de moda -como algunos lo creen ahora- es una situación que existe desde hace mucho tiempo y que se encontraba agazapada entre las sombras de las buenas costumbres sociales y familiares. Con tristeza reconozco que a mis cuarenta y tantos, estoy descubriendo los distintos tipos de violencia que pueden ejercerse y que solo estaban delimitados en los golpes y los malos tratos físicos.

Nadie consideraba la violencia económica ni la psicológica ni la emocional, no existía el love bombing y ni pensar en el gaslighting o el ciberacoso; todo se reducía a la brutalidad de las violaciones sexuales y la fuerza física utilizada. Si preguntara cuántas mujeres han padecido cualquiera de estas agresiones, puedo casi asegurar que muchas -si no todas- hemos sido víctimas de ellas; desde un manoseo en el transporte público o caminando por la calle, pasando por discusiones y enfrentamientos en casa, hasta la bestialidad sexual que algunos creen tener derecho a ejercer.

Por ello, estoy a favor de visibilizar el enojo y frustración de quienes lo han padecido, aplaudo las iniciativas de manifestaciones pacíficas, la apertura de foros de expresión, las actividades educativas que amplíen la visión de vida, pero también me parte el corazón que, al descargar esos sentimientos de ira tan arraigados, se lastime el derecho de los demás.

Me pregunto ¿en qué momento mis derechos son más importantes que los de los demás? ¿Por qué castigar a quien va caminando al lado de la marcha, sólo porque es hombre? Si las mujeres somos quienes llevamos el peso de la casa, los hijos, el trabajo; si somos capaces de hacer una y mil cosas al mismo tiempo; tenemos la capacidad, inteligencia, astucia, habilidad, entonces ¿por qué el movimiento feminista ha sido incapaz de generar más simpatía que temor? ¿Por qué las mismas mujeres permitimos hacernos daño entre nosotras?

Este tema aún tiene un largo camino que recorrer y requiere de mostrar lo que nos sucede sin vergüenza ni culpa (de la cual somos expertas en llevar a cuestas); de entender que somos mejores que la destrucción dejada al paso; de llevar la educación a todos, en beneficio de una sociedad que deje atrás mitos y costumbres que permiten y hasta premian la agresión hacia la mujer, definiéndola como un objeto más del que puede disponerse como mejor parezca; que puede alcanzarse una verdadera empatía y solidaridad hacia la no violencia.

Tengo fe y hago votos porque de aquí en adelante seamos capaces de reconocer lo que falta por hacer y generemos una mayor conciencia en hombres y mujeres, desde el respeto, con valores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *